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Escoja la respuesta que más se ajuste a su realidad. Sea sincero. Si su respuesta exacta no está dentro de las posibilidades, escoja la que más se acerque.

Las preguntas del 1 al 7, están relacionadas con la tienda.

Observe cuidadosamente la(s) que hay por su casa y responda:

1) Cuente el número de tiendas que hay dos cuadras alrededor de su casa.

a. Ninguna, hay supermercado.
b. Hay un mini mercado que hace unos años fue tienda.
c. 2 o 3, todas debidamente enrejadas
d. Creo que 4 o 5, no estoy seguro porque los establecimientos que hay por mi casa son confusos. En las droguerías venden útiles escolares, en el estanco venden leche… así que me queda difícil diferenciar cuál es tienda.
e. De 6 a 9, no estoy seguro, es que casi me roban por estarlas contando.
f. Como 10, no estoy seguro, hay unas partes a las que los de mi pandilla no podemos ir.

2) Observe el cartel publicitario de su establecimiento comercial mas cercano donde se abastezca y responda:

a. Letras grandes pegadas a una pared, normal.
b. Tiene un cartel luminario debidamente iluminado.
c. Tiene un cartel publicitario luminario pero sin bombillos.
d. Hay un cartel publicitario de Postobón con el nombre de la tienda.
e. Por los carteles verticales de fondo fosforescente. Uno dice ‘MINUTOS’ y otro dice ‘TIENDA’.
f. No hay cartel. Se sabe que es tienda porque al reverso del portón donde funciona el establecimiento comercial, hay una colección ecléctica de afiches: del álbum de Protagonistas de Novela, de leche Puracé, de la olla que regala Ricostilla, de una nueva marca de salchichón.

3) Ahora indague acerca del atuendo con que los compradores van a comprar el desayuno en la tienda escogida para el estudio.

a. No salgo a comprar abarrotes para mi desayuno, lo que necesito está en la alacena.
b. Con pantaloneta Adidas, chanclas playeras compradas en el Rodadero y camisa polo.
c. Con pantaloneta Adidas chiviada, Chanclas playeras compradas en el Ley y camiseta Gef.
d. Con pantaloneta, chanclas de Calzatodo y camiseta de Amway.
e. En pantaloneta, camiseta, pero con chanclas Croydon.
f. Descalzos, en pantaloneta y sin camiseta.

4) Con qué frecuencia se abastece?

a. No sé, María es la encargada de eso.
b. Es indefinido, cuando el mercado se está acabando, vamos en familia y comemos helado a la salida del super mercado.
c. Cada mes, si pagan cumplido en la empresa.
d. Cada 15 días. Con la quincena, claro.
e. A diario, después que entreguen el producido del taxi.
f. A diario, después que mi Papá (o yo) llegue con el producido del mototaxi.

5) Indaguemos en la forma de pago.

a. María paga con Visa.
b. Efectivo o tarjeta del super mercado en donde se haga el abasto.
c. Sólo efectivo.
d. Efectivo y el vecino fía cuando (por un mal cálculo de la compra) el dinero llevado no es suficiente.
e. En su mayoría, fiado. Se paga cuando llegue la quincena.
f. Efectivo y fiado. La segunda sólo si el vecino se da cuenta que tengo jornales.

6) Indague en la forma como se llaman cliente-proovedor.

a. Salvo María, no se los nombres de nadie quien me sirva.
b. No hay necesidad de llamarnos.
c. Yo le digo Don Pedro y él me dice Doctor (si supiera lo lejos que estoy de serlo!)
d. Él me dice vecino, pero yo le digo Doña Juana.
e. Yo le digo vecino y él me dice vecino.
f. Yo le digo Patecumbia y él me dice Pocheche

7) ¿Expenden salchichón?

a. ¿Salchichón? ¡Qué nombre tan curioso para un alimento!
b. Sí, pero le decimos embutido.
c. Sí, pero mi mujer no me deja comprar porque es antihigiénico.
d. Sí, pero sólo Zenú.
e. Sí, hay de pollo y ahumado. Siempre compro del primero.
f. Sí, hay de pollo y ahumado. Siempre compro del segundo.

Las siguientes preguntas estarán relacionadas con el barrio. No lo niegue.

8 )  Cuente el número de canchas microfutbol que hay en su barrio.

a. Una y hay que pagar para jugar.
b. Una. Y nunca se usa.
c. Una. Y solo juegan allí personas de otros barrios.
d. Como 2 o 4, y son usadas como canchas de microfútbol, nunca como canchas de futbolito.
e. Más de 5 y son suficientes.
f. Más de 5 y por las noches y domingos por la mañana, todas están llenas.

9) Ahora recordemos los Diciembres en la cuadra donde vive y responda de acuerdo a la decoración de temporada:

a. Con mangueras luminarias que bordean toda la casa, casa-finca en mi caso.
b. No hay adornos especiales, no exteriormente.
c. Con discretas luces que cada casa pone de acuerdo a sus gustos.
d. Pintamos los postes, pintamos muñecos en la calle y se sacan los bombillos de todos los años, los que hacen de pasacalle.
e. Hacemos adornos con material reciclable, con los cuales son engalanadas uniformemente todas las casas, además, pintamos logos comerciales de empresas radiales. Hemos ganado 4 veces consecutivas la Cuadra Tropicana.
f. Pintamos los postes, nos gustaría pintar la calle, pero la tierra es muy difícil de pintar.

10) Si usted hace una fiesta en su casa….

a. Nunca hago fiestas en mi casa, para eso está el club.
b. Van menos personas de las invitadas, a las cuales se les ofrece güisqui toda la noche.
c. Van sólo los invitados, a los cuales al principio se les brinda güisqui y luego aguardiente.
d. Van solo los invitados. La fiesta termina con mi mujer echándonos y nos toca ir a rematar a otra casa. La fiesta termina cuando llega la policía diciendo que los vecinos llamaron y que hay mucha bulla.
e. Se llena la casa con invitados y conocidos que no han sido invitados. La fiesta termina en pelea a puños, la policía llega pero tarde.
f. Se llena su casa con invitados y con gente que no conoce. La fiesta termina en pelea de pandillas, la policía nunca llega.

Ahora indaguemos en el la intimidad de una casa cualquiera de su barrio…

11) Escoja una casa cualquiera y observe los diplomas que hay en ella
a. Hay muchos y están ordenados de acuerdo a las generaciones. Están ubicados en el estudio.
b. Hay tres diplomas universitarios, uno de la mujer, otro del marido, del hijo. Están el estudio.
c. Hay dos dos diplomas, uno de la mujer y otro del marido, en la sala
d. Hay un diploma de bachiller, y uno universitario, los dos en la sala.
e. Hay un diploma de bachiller y uno del Sena, los dos en la sala.
f. Hay un diploma de bachiller y está en la sala.

12) Vaya con 6 personas y pida que le regalen agua a todos, observe los vasos

a. No nos dieron agua
b. Todos iguales, todos cristales
c. Todos son iguales, hay 5 cristales y completaron con uno de cafe
d. Todos son iguales, los vasos son metálicos
e. Todos son diferentes, hay uno de mermelada
f. Todos son diferentes, hay uno de una promoción de Postobón de la Copa América del 99

13) Haga la siguiente prueba: escoja una familia amiga que viva en su barrio, visitela a eso de las 4 de la tarde y como gesto de cordialidad, obsequie dos mil de pan, espere la hora del café:

a. Me dieron sólo agua.
b. Me dieron té con galletas.
c. Me dieron café con croassant
d. Me dieron café con pan, pero no el que llevé.
e. Me dieron café con el mismo pan que llevé.
f. Me dieron café con plátanos fritos.

14) Haga la siguiente operación: (# de cuartos) %( # de personas que viven en su casa), responda de acuerdo al resultado:

a. No sé, ¿la servidumbre cuenta cómo habitantes de la casa?
b. 2
c. 1,5
d. Exactamente, uno.
e. 0,5
f. No sé. Mi hermano duerme en una colchoneta en la sala, ¿la cuento como pieza?

15) Cuando se acaba el champú en su casa, ¿qué hace?

a. Nunca se ha acabado.
b. Voy a el lugar de abastos más cercano, compro el champú y aprovecho para comprar otras cosas que hacen falta.
c. Voy a al mini y compro un tarro pequeño.
d. Voy a la tienda y compro un cojín de champú.
e. Voy a la tienda y fío una papeleta de champú.
f. Lleno con el agua el recipiente vacío, lo bato y me baño con el agua-espuma que resulta de la operación.

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Resultado:

Asígnese puntos de acuerdo a lo siguiente:

a) –> 6 puntos

b) –> 5 puntos

c) –> 4 puntos

d) –> 3 puntos

e) –> 2 puntos

f) –> 1 punto

Si obtuvo 90 puntos, deje de hablar paja y…¡COJA OFICIO!

Si obtuvo entre 77 y 89 puntos, pertenece al selecto estrato 6. Lo insultaré públicamente cuando lo vea en carteles publicitarios políticos, pero lo envidiaré en silencio.

Si su resultado está entre 65 y 76 puntos, usted pertenece al estrato 5. Sigua luchando, algún día será del 6.

Entre 53 y 64 puntos, usted pertenece al estrato 4. Hay dos opciones: que sea un pobre superado o rico caído en desgracia. Asomarrano te desea lo primero.

Entre 41 y 52 puntos, pertenece al combativo estrato 3. ¡Siéntase orgulloso! Es el primer estrato que no recibe Sisben ni auxilio de Familias en Acción. Haga saber el hecho.

Entre 29 y 40 puntos, usted pertenece al maltratado estrato 2. Sabemos que a veces pasa por algunas dificultades, pero, ¡tranquilo!, puede ser peor.

Entre 16 y 28 puntos, usted pertenece al estrato 1. Asomarrano pide disculpas si lo hemos ofendido, pero al mismo tiempo, lo felicitamos por contestar sin pena y sinceramente.

Si obtuvo 15 puntos, deje de hacer test pendejos, póngase a trabajar si quiere conseguir plata y…¡COJA OFICIO!


Uno se mete a escribir porque algo le duele, porque debe en la tienda y ya no le van a fiar más, uno se mete a escribir porque no pudo aprender a tocar guitarra y canta tan feo que la mamá lo calla cuando lo hace en la ducha, porque todas las ex han conseguido novios mejores que uno, porque una vez ellas se van a casar y van a ser felices, porque hay una brecha muy grande entre las chicas que a uno le gustan y las que le hacen caso, porque le gusta trasnochar, porque escribir le parece un oficio esnobista y así piensa conseguir que las chicas lo amen, uno se mete a escribir porque vive aun con su madre.

Uno se mete a escribir porque es muy enano y viejo para ser futbolista, porque es muy feo y enano para ser modelo, porque no conoce Buenos Aires, porque quiere estar solo, porque Facebook cada día lo aburre más, porque amó a alguien y alguien lo amó, porque sus amigos están triunfando, porque a uno le gusta el look de las chicas intelectuales, porque cree que la vida de uno es más interesante que la de los demás, porque la maldita pelirroja le importa nada si uno muere por ella o si sale mi foto en la primera plana del Extra, porque le gustan las pelirrojas, porque anteriormente le gustaron las negras, después las monas y las trigueñas, en ese orden.

Uno se mete a escribir porque un amigo le dijo que nunca iba a ser feliz, porque le gustan las cosas gratis, porque quiere pasear por una ciudad en invierno con una bufanda amarrada al cuello, porque no sabe lo que quiere, porque no puede vivir como Sabina, porque no puede vivir, porque una chica se decepcionó y uno quiere vengarse, porque no ha hecho nada importante con su vida, porque piensa que es especial, porque se aprendió diez palabras raras y piensa que con eso basta, porque ha leído mucha basura, porque quiere conocer a Charly García y quiere que le diga que le gusto su libro, porque quiere ir a un programa con Paulo Coelho y decirle, al aire, lo que piensa de sus libros, uno se mete a escribir porque escribió un cuentico y ya se la creyó.

Uno se mete a escribir porque los brutos del colegio ya son abogados y tienen carro, porque la psicóloga ya no se lo aguanta más, porque es el chico nada, porque quiere que sus padres se sientan orgullosos de uno por cualquier cosa, uno se mete a escribir porque a veces se ve una película y llora, porque vio el Rey León y lloró, porque le duele algo pero es feliz, porque quiere que una chica se arranque los pelos de la rabia cuando lo vea ganando un premio, uno escribe porque puede reírse de sus desgracias.

Uno se mete a escribir porque sabe poner comas y empieza los párrafos con mayúscula, porque le gusta que le digan que es bueno en algo, porque cuando va por la calle, se la pasa pensando en güebonadas que lo hacen reír solo y la gente piensa que uno está loco, porque quiere decirle algo a alguien pero no sabe cómo, porque nunca hizo un gol importante, porque le gusta sentir la sensación del teclado en los dedos, porque quiere aprender algo para distraerse cuando vaya preso por apalear a un ladrón, porque piensa que Calamaro es un genio y piensa algún día escribirle una canción, porque una niña una vez le dijo que no quería bailar, porque no puede odiar a nadie, porque nadie lo odia, porque tiene miedo, porque sabe que lo aman pero se siente solo, porque llora como niña por la noche, porque piensa que el futbol combina bien con la literatura, porque una chica le hizo daño, porque no quiere que le nieguen la visa gringa, porque le gustó una maldita canción cursi, porque quiere ir a Miami y, al volver, decir que es como Cali pero grande. Uno se mete a escribir porque es un güebón.

Pero es bueno escribir, sobre todo cuando son las tres de la mañana y al otro día si hay que hacer algo importante. Es bueno escribir, sobre todo cuando ninguna chica quiere acostarse con uno por temor a estar en el blog que uno escribe. Es bueno escribir, sobre todo cuando uno está destrozado y todos se dan cuenta y uno inspira lástima. Sobre todo cuando uno está presentando un examen de Radiocomunicaciones y se le ocurre una idea para un cuento y no se puede concentrar, sobre todo cuando uno escribe un cuento en el cuál alguien se suicida y la mamá piensa que uno se va a suicidar y le pide ir al psiquiatra, sobre todo cuando los familiares le dicen que no pierda tiempo en pendejadas y que se gradué rápido. Es bueno escribir, sobre todo cuando a tu novia le importa más el despecho de su amiga gorda que lo que uno le escribió.

Creo que la vejez me tomó por sorpresa. Creo, también, uno de los síntomas más evidentes de este hecho es mi deseo por impartir una cátedra Universitaria. No estaría mal ser profesor de la asignatura “Introducción a la Ingeniería”. Abusando de mi suerte esperaría dictarla en la prestigiosa facultad de Ingeniería Electrónica de la Universidad del Cauca.  Esta materia es clave, con ella, los jóvenes corazones ingenieriles tendrán una idea aproximada del mundo al que se enfrentarán. Sin embargo, aun cuando tengo experiencia comprobable y un relativo éxito profesional (vivo de arriendo, pero pago cumplido), aún no he recibido ninguna propuesta por parte de la decanatura de la FIET (Facultad de Ingeniería Electrónica y Telecomunicaciones). Teniendo en cuanta lo anterior, me he tomado la molestia de diseñar un plan de estudios, que puede reflejar los alcances de mi anhelado sueño.

Al grano:

Solo se deben abordar tres temas (perfecto para dos exámenes parciales y un examen final).

Tema I. Humildad.

Razón:

Señor estudiante de la FIET: usted no es nada. Posiblemente ha sido víctima (como lo fui yo), de un complot regional que los adultos mayores han configurado. Como resultado,  tiene un ego desmesuradamente elevado, acaso no ha escuchado la frase “’¡¡¡ES QUE A LOS INGENIEROS DE UNICAUCA SE LOS PELEAN LAS EMPRESAS!!!”.  Futuro colega, es falso. Métase esto en la cabeza: los únicos que se quitan el sombrero con su impresionante título son su papá, su mamá, su tío borracho y la señora de la tienda (si querido amigo, la que tiene una hija de 16 con hijo a bordo y que ve en usted un buen prospecto).

Objetivo de la materia:

Poner en su sitio al estudiante. Al terminar el tema usted comprenderá que nadie se baja los pantalones ante su diploma de piel de cabra y letras góticas. Sólo el trabajo y los resultados hablarán por usted.

Metodología:

Durante dos meses el futuro ingeniero se verá sometido a tortura psicológica y física. Se analizarán estadísticas de la calidad de trabajos que un ingeniero debe realizar al comienzo de su vida profesional. Se compararan salarios de egresados de otras universidades. Un seminario dirigido por ingenieros chocoanos, costeños, rolos, paisas, bumangueses, mostraran como Popayán es difícilmente ubicado en el mapa nacional.

Lectura de los ensayos:

“El mundo seguirá rotando aunque yo muera.”

“Mis compañeros universitarios de otras carrearas y otras universidades, tiene tanta valía como yo”

“Yo soy Juan Salvador Gaviota, pero con las alas rotas”

Evaluación:

El estudiante pronunciara tres veces la siguiente frase con convicción (de la convicción depende la nota):

“Ingenieros buenos, bonitos y baratos hay por montones y en todos lados”

Tema II. El trasnocho.

Objetivo:

Convertir al estudiante en una suerte de hombre-búho, siempre atento y alerta a cualquier señal de trabajo.

Razón:

Un estudiante de la FIET no sabe cuánto debe trasnochar como profesional. Los médicos al menos conocen esta situación, ya que estos, en sus últimos semestres conviven con el asunto: rotes, residencias, etc. Un ingeniero no tiene puta idea sobre cuánto debe laborar en la noche (de hecho no tiene puta idea de nada).

Metodología:

Trabajos forzados en actividades repetitivas, sin posibilidad de ingerir alcohol.

Evaluación:

82 horas de pie sin dormir, mientras admiran mi fantástico talento para emborracharme y contar historias que no llevan a ninguna parte (en este blog se puede encontrar abundante material de estudio).

Tema III. Temas fisiológicos-sociológicos.

Razón:

El Payanés promedio caga en su casa, esto no es posible en ciudades grandes.

Objetivo:

Preparar el cuerpo del futuro ingeniero en los azares de la vida, el estudiante aprenderá a cagar donde le toque y no donde le plazca.

Metodología:

Serán impartidas técnicas adecuadas para lograr el objetivo: concentración estomacal, lectura de libros y revistas en baños públicos, teoría del graffiti de baño de mala estampa, yoga intestinal. Nos concentraremos en el método griego (respiro – respiro – pujo), y en el romano (pujo – pujo – respiro)

Evaluación:

El estudiante aprobará el examen final si consigue cagar en un laboratorio apropiado: los baños de la Facultad de Ingeniería Electrónica. El examen es individual, aunque se permiten conversaciones entre los módulos sanitarios (el apoyo entre colegas siempre es fundamental).

Si algún estudiante presenta problemas digestivos el día de la evaluación, o no se siente en disposición (o deposición) para ello, se le permitirá realizar un examen supletorio. Sin embargo, debo aclarar que si esto sucediese la actividad sería algo más compleja. Yo soy de los profesores que creen que el supletorio debe ser algo más complicado, así que la tarea se realizará bajo presión, mientras él o la estudiante se encuentra en el sanitario, yo golpeare repetidas veces la puerta de dicho baño manifestando disgusto y apuro.

Debo anotar que aunque el tema pareciere superfluo, realmente es de vital importancia, por tanto no toleraré frases como: “Profe, póngame 2.5, mire que hice chichí”.

FIN DEL CURSO

Si lo anterior les parece adecuado convoco a una marcha exigiendo la implantación de mi pensum. Podríamos incluir temas como: “La mujer ingeniero: mitos y realidad”, “Como pedir descuentos por cantidad en burdeles”, “El pedito en el puesto de trabajo. Cómo culpar al compañero de cubículo” y quizás trabajarle a una materia en la cual soy un especialista “Con quien acostarse por trabajo. Técnicas de un trepador”

Att:

El ingeniero hidalgo Bugaboox “Profesor de corazón – Ingeniero de la FIET por error”.

No seas tan hija de puta


No te vistas tan linda los lunes. Los lunes que las chicas van a la universidad de jeans y tenis, tú paseas orgullosa por todo el pasillo esas piernas ligeramente huesudas enmarcadas en ese vestido blanco ceñido. Bajo la óptica fútil de la estética le harían falta algunas carnes, pero tu actitud las hacen bellas. Las luces con tanta altivez, que cuando te veo digo: ¡no seas tan hija de puta, que hermosa eres!

Los lunes de jeans y tenis, tú acompañas tu falda blanca con esa blusa blanca mefistofélica, la de tiritas. La que desnuda tu perfecta palidez. No seas tan hija de puta, no dejes caer el fuego de tus cabellos sobre tu blusa blanca. Sabes que me vuelve loco, me desasosiega. No lo disfrutes, ¡hija de puta!

No bajes tu cabeza y no te rías contigo misma cuando sabes que te estoy mirando. No me invites a hablarte, sabes que me queda difícil hasta decirte “hola”. Creo que lo descubriste y por eso lo haces, eso sacia tus ínfulas de deidad. Desde tu valquiria me dices cosas del tipo: “Hola Cachávez. Qué me cuentas?”. Primero… “¡¿Cachávez?!” no seas tan hija de puta, ¿por qué me dices “Cachávez”?, ¿quieres diferenciarte, cierto? Infieres que ninguna chica me dice Cachávez y quieres ser la única, quieres ser recordada. Ahora…”¡¿Qué me cuentas?!”, sabes que esa pregunta me obliga a contestarte con una frase del tipo: “te cuento que mi vida va bien”. Me imposibilita a hacerlo con una sola palabra como “Bien”, eso sería delatar la estupidez que me provocas, porque evidenciaría que no entendí la pregunta. Pero no, no puedes preguntarme “¿Cómo estás?” para responderte “Bien”, como sos tan hija de puta, me dices “¿Qué me cuentas?”, si me queda difícil decirte “hola” ahora “te cuento que mi vida muy bien” es un tormento. Empiezo a tartamudear a la segunda palabra, la primera no, esa me sale por reflejo. Tu siempre que lo notas, ¡hija de puta!, cambias de posición la comisura derecha de tus labios. No es precisamente una sonrisa, es un gesto de placer.

Antes, el domingo por la noche limpiaba la chaqueta que me dijiste me quedaba bien, porque inexorablemente iba ser vestida al otro día. Quería que notaras que si me ponía esa chaqueta era porque me vestía para ti, pero alternaba el resto de prendas para que no pensaras que era la única ropa que tenía. Los zapatos siempre limpios, porque me dijiste que te fijabas en ese detalle. ¡Qué hija de puta sos! Filtrabas datos en mi cabeza, porque sabías que luego yo los iba a usar.

Pero ya me cansé. No quiero ser el pedestal que necesitas para ver el mundo. Los domingos ya no alisto la chaqueta porque dejé de usarla los lunes. Eso sí, estoy pendiente de no usarla. Es como un mensaje del tipo: “si ves? Ya no me importas!” Pero mira que contradicción, si evito ponerme la chaqueta es porque todos los lunes (al menos) te pienso, ¡hija de puta! Los domingos por la noche ya no limpio mis zapatos, pero si pongo a cargar mi reproductor mp3. Es mi principal herramienta en la misión de minimizar el número de palabras dirigidas hacia ti los lunes. Además, le pongo música que no conoces pero pienso que, tal vez, pudiera interesarte. Me ilusiono con la posibilidad que un día me preguntes por la música que estoy escuchando y compartamos los audífonos. Podría llenarlo con esos grupitos que te gustan, para (hipotéticamente) sacarte un “chévere, también los escucho” y sentir que tenemos algo en común, pero me arrepiento, no me parece buena estrategia, tal vez te quitarías los auriculares porque ya tienes esas canciones en tu reproductor blanco; mejor grabo canciones que creo tienen el potencial de despertar tu curiosidad: meto algo esnobista tipo Bajofondo, y canciones que cuenten una historia, alguna de Sabina, seguro. Así –pienso- te quedarías pegada a mi reproductor por lo menos por 4 minutos, y yo, pegado del otro auricular… disfrutaría tu cercanía maldita. ¡Qué pendejo que soy! Me ilusiono con verte hasta cuando planeo alejarte.

Entonces llego a la facultad sabiendo que te voy a encontrar. Escucho música al máximo volumen, para cuando te encuentre, no pueda escuchar lo que me dices. Allí si está justificada la palabra solitaria. Si me dices: “Hola Cachávez, que me cuentas?”, está bien que te diga simplemente “Hola”, que es un saludo genérico, tu sabrás suponer que no escuché el resto. No me sentiría idiota ignorando la segunda parte, como si lo hacía antes, cuando no llevaba algo que ocultara tu sonido. Y así lo hago, simplemente paso diciendo “Hola” y desecho el resto del saludo. Porque sé qué me dices más que “Hola”. Sí me saladuras con el escueto “Hola”, necesitarías abrir la boca sólo una vez. Pero noto que la abres varias veces, como para decir “Hola Cachávez, qué me cuentas?”. Escúchame esto: ¡cuento las veces que abres la boca cuando me saludas! ¡Soy un pendejo!

Bien podría entrar por la otra puerta y evitarme la complicación: que el mp3, que la música, que la ropa… pero no, quiero olvidarme de ti, pero me encanta verte. ¡Hija de puta!

Nota: Este relato lo escribí hace 11 años. Lo encontré mientras revisaba viejos archivos, protegido con una contraseña negligente. He preferido no editarlo, y dejar que conserve el estilo original, sólo me he permitido cambiarle ligeramente el título intentando hacerle justicia a mi memoria.

El Malo caminó decididamente hacia la salida, llegó a la esquina y se perdió rápidamente en entre frío y los autos, segundos depués, el Bueno bajó los ojos y en actitud contrita murmuró unas cuantas frases incomprensibles aun para él, decidió salir también y tomar hacia la izquierda en el paradero. La pequeña seguía vendiendo dulces entre la lluvia, pero afortunadamente el viento apagó sus sollozos y el Bueno dejó de sufrir.

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Nota: El presente post contiene palabras de grueso calibre justificadas solamente por mi frustración. Se recomienda a los menores de edad leerlo en compañía de su tío alcohólico más cercano, quien podrá suministrar una guía adecuada en el uso efectivo de ciertas expresiones.

Prendo el radio. Nuevamente está el remedo de periodista deportivo ese leyendo los tweets de sus seguidores. Hastiado cambio a Todelar donde el tono deliciosamente folclórico de sus comentaristas exacerba el delirio patriótico al que estoy a punto de entregarme.  Entrevistan a un morocho cuyo peluquiado sería la envidia de Mario Barakus mientras anoto mentalmente en vos confío, negro divino. Siento mariposas en mi estómago, de esas que me dan siempre que jugamos con Perú o Paraguay, porque el colombiano resentido promedio podrá despotricar lo que quiera de los peruanos, pero para mí esos cholos merecen todo el respeto al igual que los bravos guaraníes. La mitad del equipo hace muecas grotescas mientras suena el himno nacional, mientras la otra mitad escupe al suelo o libera sus fosas nasales de molestos fluidos antes de aquel encuentro entre titanes suramericanos. Continuar leyendo »

Es jueves. La tarde, ya cansada, descarga su furioso calor en la fresca noche. Mientras reniego de la intrascendencia de mis diligencias, las mismas que me han hecho caminar la ciudad; paso por un bar que me manda a un demonio de los que habita en sus refrigeradores para invitarme a una cerveza. Yo declino la invitación por dos motivos: porque estoy solo y porque es jueves. Me siento viejo, en otra época de mi vida: no caminaría solo y no me importaría que fuese jueves. Sus ocupantes son estudiantes que han dejado de sacar fotocopias importantes y les han sobreinflado los gastos de su manutención a sus padres, caballeros que se movilizan en moto y comparten la tarde con mujeres de moral cuestionable, vendedores (de los de maletín cuadradito de cuero) que han conquistado a sus mujeres diciendo que son ejecutivos. El lugar se ha suspendido en el tiempo. Identifico el puesto que algún día fue mío, el dueño que ya no me saluda (parece racionalizar su amabilidad solo para clientes), el plasma en el cual me vi el último partido del América en la Libertadores; y recuerdo a alguien que se sentaba a mi lado en largas tertulias amenizadas con cerveza primero y con ron al final.

Coincidencialmente recorro los andenes que nos llevaban desde ese bar a su antejardín, donde con el resto de manada e invitados de ocasión, exhumábamos los bolsillos en busca de un último billete, cómplice de nuestra evasión a la cordura; y que nos permitía ver ese precioso cielo azul reproche tomándonos un trago, que a pesar del esfuerzo por comprarlo, nunca terminábamos. En el camino hay una panadería, ese local antes era ocupado por un restaurante de pollos, el cual era atendido por un mesero amanerado y que era víctima de nuestro irrespeto e insolencia de borrachos. Los cinco mil que valía el consomé con presa eran guardados celosamente, porque el ritual de la noche siempre terminaba en ese restaurante mal pintado. Era un buen amigo, en cada vaca (aporte voluntario a una causa colectiva – aclaración dirigida a extranjeros-), se me acercaba y me decía no te vas a gastar los cinco mil del pollo. Su preocupación fue un gesto que siempre valoré.

La tarde prometía una hermosa noche, pero llega simplemente una noche. Mis expectativas generalmente superan mis realidades. Una llamada trae la siempre buena noticia de un partido entre amigos. Nos encontramos en la única cancha asfáltica del mundo y cuando calzo los Converse de 10 mil marca Venus (comprados en la galería en otro jueves como ese), recuerdo que siempre criticaba mi indumentaria deportiva, especialmente mis Venus: jum, hay que comprar zapatos, ¿no? – Decía –  Esperando que el resto de equipo notara el lamentable estado de mi calzado y rieran. Yo contraatacaba poniendo en duda si él era dueño de los zapatos con los que jugaba o si le pertenecían a su madre. Ese chiste siempre funcionó. El partido está a punto de empezar y la frase que distingue los jugadores buenos de los malos es pronunciada: primer gol la camisa (los buenos usan uniforme). Hubo tanto calor en la tarde que temo haberme insolado, pues mi pragmatismo natural se ha reemplazado por la melancolía. Una frase tan cotidiana en todo jugador de mi calidad como primer gol la camisa, ahora trae el recuerdo de quien me decía: no podemos seguir así, necesitamos un uniforme…bueno, aunque sea un peto. Esa fue una batalla que nunca ganamos. Hicimos muchos planes para hacernos de unos uniformes o en su defecto, del modesto peto; que en cualquier caso pensábamos imprimir con una leyenda llena de sarcasmo que dijera: Escuela Deportiva Cachavez. Su motivación por mejorar lo presente fue algo que siempre admiré. El partido termina, me veo en la tienda con una Coca-cola en la mano extrañando esos revitalizantes jugos que su mamá nos preparaba después de cada partido.

Ese jueves efervescente en evocaciones termina sin otra novedad.

Un día noto algo que debería haber notado antes: el blanco con el cual había intentado darle un estilo minimalista a mi cuarto (sin éxito, soy pobre aun y un cuarto pobre debe guardar demasiadas cosas para ser minimalista) se ha manchado con huellas de manos y con otras suciedades varias que no podría explicar. Podría convivir perfectamente con ellas, pero se me ocurre que podrían ser las responsables de una disminución importante en mis posibilidades sexuales en caso que alguna incauta visite mi morada. Me armo entonces, con el rodillo del vecino que ha pintado la mitad de las casas de mi cuadra, me visto con la camiseta de un político que jamás apoyé y una gorra del DMG que solo uso en la intimidad de mi casa (me da pena que sepan que me robaron), compro pintura y la uso como solo un colombiano podría: diluida. Mi trabajo avanza satisfactoriamente, y recuerdo que ese amigo siempre convocaba a una cuadrilla obrera que retrasaba el trabajo dos o tres días de lo que un trabajador podría demorarse; a cambio, el interesado recibía tres cosas: una entrañable compañía, un inexorable fracaso en su obra civil y una petición constante de cerveza. Durante todo el día, me rio solo de los chistes malos que me imagino que hubiera dicho. Su solidaridad siempre delató su amistad.

Entonces entiendo que no es un asunto de temperatura. Haciendo una retrospectiva, me doy cuenta que ha habido muchos días como esos. Que lugares, fechas, amigos, canciones, mujeres, situaciones, gente, invocan los buenos momentos que compartimos; y los malos, en que siempre nos acompañamos. Y como dice el vallenato con el que tantas veces nos emborrachamos: Ahora me duele que se haya ido. Pero sé que yo no me quedé sin Jaime ni el sin Rafael.

El Contrato

Siempre he tenido suerte con las mujeres ¿la razón? No la conozco. Quizás no hay razón. Hay personas a quienes les va bien el jugar fútbol, a mí me va bien con las mujeres.

Soy B. Uno de los mejores si de mujeres estamos hablando. Continuar leyendo »

Era una pareja como cualquier otra: melosa, divertida, patética. Ella observaba fascinada las fotos colocadas en orden militar por toda la plazoleta, Él admira descaradamente los tristes atributos de una flaca que caminaba despreocupadamente a su lado. Es un viernes del Zapatero y un ejército de zombies gastan su misérrima quincena al son del reggaetón y el sabor ardiente del bendito trago. Los cuenteros rezan su rosario de historias rancias, mientras el público drogado por el humo tóxico de los buses y las denuncias  de corrupción sin resolver se disuelve en la urbe infinita y amorfa, aclamando los chistes pobres y los madrazos artísticos del juglar desempleado de turno. La exposición fotográfica es un éxito, decenas de fotos representando ancianos esperando su muerte, infantes agarrados como garrapatas al parabrisas de un bus, niches reemplazando su almuerzo por un partido de fútbol en una playa de Timbiquí complementan el menú de los citadinos hartos de sangre y circo. El fotógrafo ha sido condecorado con el premio al Hombre del Año por capturar redundantemente la miseria de nuestro pueblo y exponerlo en una plaza pública, cumpliendo su sueño de visibilizar lo evidente y lucrarse a partir de ello. Continuar leyendo »

Hubo una vez un milagro

La temida banca de suplentes está parcialmente ocupada por tres tipos puntuales que esperan impacientes. A medida que llegan los demás, son recibidos con fuertes apretones de mano, los cuales parecieran necesitar un recorrido de brazo de noventa grados para lograr el efecto deseado; algún inusitado abrazo; y un chiste referente a su última borrachera o a su último fracaso de amor, que pareciera que a veces no ocurren la misma noche.  En el aire flota la fraternidad propia de quienes saben que se acerca la despedida.

Ya más tranquilos por completar al menos 10 jugadores, sigue el ritual. Los guayos saltan de los maletines y descansan en el prado. Esperan. Allí tirados, la pulcritud de algunos, denuncia la poca oferta deportiva que ha tenido su dueño; el barro que portan otros, advierten la experiencia adquirida en fútbol de veredas circunvecinas; el anacronismo de otros, la cantidad de tiempo que no se juega.  Luego siguen los ungüentos, las vendas, las medias rotas que son tapadas por otras también rotas (pero en diferente lugar), el análisis visual de los rivales, la escogencia del número, la recogida del arbitraje, continúan los chistes. Pero el ritual se ve interrumpido cuando una figura parecida a un muñeco mal dibujado se acerca. Carga una joroba que pareciera que hubiera nacido con él. La raya lateral de la cancha, por donde camina, pone en evidencia su arritmia motriz. Viste una bermuda floreada, una camiseta de algún color llamativo y chanclas. Parece vestido para un splash, no para un partido. La punta de sus pies convergentes, sus rodillas juntas y sus piernas ausentes de musculo, recuerda que Yatsuri Yamile, más que un equipo, es una disculpa para disfrutar la amistad.

Es un tipo carismático. Se forma una pequeña reunión para saludarlo y dice que está pasando guayabo (¡para completar!), que la de anoche fue una noche difícil. La masa, curiosa por su historia, olvida el partido y escucha. Cuenta que fue una noche de copas complicadas, que iba en un taxi y la paranoia lo invadió, pensó (inocentemente) que lo iban a secuestrar (¿quién lo iba a querer secuestrar? ¿Qué ganarían?) y se tiró del taxi. Cuando llegó a su casa, despertó a toda su familia  para contar la historia y llamo a un amigo que alternaba sus estudios ingenieriles con la conducción de un taxi, para preguntarle si conocía al taxista quien iba a perpetrar el delito. Pareciera que esa noche, su objetivo era el de trasnochar a la mayor cantidad de familias posibles. También contó que aparte de las consecuencias propias de los tragos, tenía problemas estomacales que le impedirían jugar, pero que precavidamente había llevado sus guayos, por si faltaba alguien, como efectivamente pasaba. Hubo un pequeño debate: algunos opinaban que era mejor jugar con 10 y otros querían que jugara, soportando la decisión en la amistad. Por una reñidísima votación, se decidió que jugaría.

Nos disponemos a profanar el prado con nuestros indómitos pies y alguien reflexiona, pregunta dónde va a jugar nuestro personaje. Se forma otro debate, éste un poco más acalorado que el anterior. Un sector se inclina por dejarlo de defensa, esgrimen que no sería capaz de hacerle un gol ni a Eduardo niño; mientras otra parcialidad opina que sería suicidio, que en esa posición, éste daría más pases gol que Bochini, pero a los rivales; que debería jugar de delantero. Se encuentra una solución salomónica y se acuerda que flote. Flotar, queridos lectores ateos del futbol, es no aferrarse a una posición táctica, es deambular por la cancha, es ubicarse donde más le convenga. Esa posición no conoce medias tintas. Allí han jugado Valderrama, Zidane, Maradona, Francescoli, Pelé, Rivaldo y claro, juegan tipos como nuestro personaje. O se es un genio o se está desprovisto de todo talento.

Se me acerca y me dice (con claras intenciones que escuchen sus detractores): Cachavez, son ignorantes, hoy los callo. Porque el tipo nunca ha temido a expresar sus opiniones. Recuerdo una vez que veíamos un partido en su casa, y en ese tiempo un tema polarizaba al país: ¿Era Juan Pablo Ángel un jugador para la selección? Su padre se nos había unido y discutía con Olano las implicaciones históricas del asunto, eso llevo la discusión hasta los años 70. Olano es un estudioso de nuestro pasado futbolístico. La discusión llevaba horas y más de una canasta de cerveza. Ese tipo de discusiones son bizantinas, solo pueden terminar por dos razones: por una pelea o porque se acaba el licor. Aquí no parecía darse ninguna de las dos, aunque cada vez estaba más cercana la primera. Nuestro personaje, había permanecido callado en una esquina. De pronto se levanta y dice: no se si Juan Pablo Ángel sea bueno o malo, lo que si se es que es el jugador más bonito que ha dado el futbol colombiano. Así es él.

Empieza el partido. Los rivales son primíparos. Ven en nuestra lánguida contextura una inmejorable oportunidad para ganarle a un equipo de los semestres de arriba. El nombre del equipo ayuda, porque no nos digamos mentiras, un equipo que se llame Yatsuri Yamile, no inspira respeto. Y nosotros, no queremos ser derrotados por primíparos, alguna dignidad conservamos. Eso hizo el partido trabado, disputado, áspero.

Nuestro personaje, para completar, tiene un estado físico de cantante. Cada vez que las circunstancias del partido lo ponen cerca de un compañero, se acerca para decir estoy muerto. Acata las indicaciones técnicas dadas al principio: deambula. Y el balón lo busca, ¡pero él tira cada verdura!. Está teniendo un partido especialmente malo. El balón inpajaritablemente le rebota en las canillas cada vez que intenta dar un pase. Se va frustrado, no se está divirtiendo, la furia parece invadirlo. El partido se acaba y yo me imaginaba a los primíparos celebrando el cero cero y dañándonos nuestro momento de fraternidad.

Centro largo desde el costado izquierdo, el defensa cabecea y deja la pelota rebotando cerca de la media luna. Él pasa por allí, y se encuentra con el balón como encontrarse con una ex novia en el paradero, sin querer. Hay dos botes y al tercero, se choca con la canilla de nuestro personaje. Éste, estira la pierna, primero como un acto reflejo, pero luego con furia. Le pega con fastidio, como vengándose de tantas vergüenzas que le ha hecho pasar. Tira la patada, por primera vez en su vida, sin temer las consecuencias. La pelota en vez de rebotar en las canillas y llegar mansamente a los pies de un rival, dos metros más adelante (como siempre); esta vez se desliza hasta que es recibida por un pie bien estirado. Sale con dirección al cielo, como queriéndole quebrar los vidrios al apartamento de dios. Pero pareciera que dios, compasivo (o celoso con sus vidrios) ha soplado divinamente el balón y éste empieza a bajar bruscamente. Nuestro personaje cambia su expresión de rabia, por una de fe. Intercambio el focus de mi mirada entre el balón y Él. En un cuadro, tengo mi mirada puesta en nuestro personaje, veo que, de nuevo, cambia su rostro, sospecho de alguna noticia y  ahora la dirijo hacia el arco. Alcanzo a ver a un arquero dándole una palmada al piso, una malla moviéndose y el balón devolverse hacia nosotros. Ahora, ha abierto las manos, ha hecho un puchero y ha refugiado su cabeza entre sus hombros. No entiende. En la posición donde juego, me queda fácil ver los rostros de mis compañeros, lo hago. Parecen que hubieran visto un ovni, hasta temo por algunos. Uno logra salir del asombro y empieza a correr en dirección a nuestro personaje, que desde ahora, lo llamare nuestro héroe. La masa se contagia y hay un mar de brazos que lo buscan. Pero no llegan como una juguetona ola sino como un furioso tsunami. Nuestro héroe es atropellado por una horda que lo ubica en posición inferior de una pila humana. Se celebra por muchas cosas: tal vez sea nuestro último campeonato juntos, tal vez sea nuestro último partido juntos, tal vez sea nuestro último gol juntos, tal vez sea la última vez que estemos juntos. Pero sobre todo, porque lo hizo nuestro personaje (nuestro héroe) y eso nos hace felices, es como si celebráramos que un ciego ha vuelto a ver. Todo es felicidad. Pero emana un apestoso olor que empieza a dañar nuestro momento feliz. Del fondo y entre risas macabras, nuestro héroe dice con voz que no deja lugar para la duda….

¡Me cago, me cago!

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