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El tío Juvenal llega en su Renault 9 modelo 86, rines de lujo, volante incompleto en su circunferencia como los de la Formula Uno pero sin botones, silla del conductor cubierta por una red de botones de madera. Baja y saluda a la pequeña multitud que se ha aglomerado dubitativa en el antejardín de La Abuela: ¡Buenas familia! Y la familia se sacude de una diplomacia que ya parecía insoportable con una contestación masiva de ¡Llegó Juve! Ahora el saludo se personaliza, siempre con un comentario hilarante a la actividad reciente de cada miembro de la familia: ¿que conseguiste novia? Y yo pensaba que habías salido gay, le dice al muchacho que se estrena en los fangosos terrenos del amor; ¿que tu mujer quedó en embarazó? Felicitaciones… ¡jum!, pero la barriga la estas echando vos, ¿no?; y hasta lleva preparado algún chiste gráfico, de algún bolsillo de su chaqueta de cuero saca un tubo de Caladryl y se la entrega a el sobrino que no salió elegido al concejo. No es casualidad que la masa familiar entre después de él, lo esperaban, nadie quería ser el primero en llegar, pero Juvenal entra con determinación, busca a la mamá y le dice: ¡Abuela, se armó la rumba! En esta familia la abuela ya es La Abuela para los nietos, hijos, sobrinos, bisnietos y allegados. La Abuela lo saluda al borde de la lágrima, y cuando se espera la palabra maternal emotiva, sale diciendo: ¡Juvenal, hoy no te vas a emborrachar! Él, sabio barrial, inculpa a otro: jum, si es ese Adolfo, mamá, que lo corrompe a uno, señalando al hermano abstemio que, desde el otro de la sala sonríe porque no le queda otro remedio mientras piensa, chiste de todos los años. ¡Fresca que yo hoy me porto bien! Dice sabiendo que su intento tranquilizador no es creído por nadie, empezando por él. ¡Jum, por aquí huele bueno! Dice juntando su bigote contra la nariz y hace su primera incursión de la noche en la cocina, y sale con algún bocadillo que no se ha terminado de preparar. En el equipo Sony de 5 bandejas suena a un volumen apenas perceptible una emisora que en diciembre traiciona su estilo y ha programado viejoteca, es más fuerte la voz de Jorge Barón que desde un televisor anuncia, con el patrocinio de colchones Comodisimos, que falta dos horas y 32 minutos para despedir al año. Juvenal, se percata de inmediato de la situación y ordena a el menor de sus cinco hijos: vaya, mijo tráigase los cidis del carro. Miguel, coge las llaves pensando en cuándo será el día que su papá le entregue las llaves para algo que no sea con fines corresponsales o de tareas de calentamiento. ¡Eso mijo, póngase ese de pa bailar en diciembre!, y suena, enamorado, Alejandro Sanz. ¡Estos maricas con esa música de maricas… ¡cuántas veces les he dicho que no metan sus cidis en las cajas de los míos! Y Ricardo, contesta a la amonestación publica con un pedido: pues ya le he dicho, papá, cómprele el equipo USB pa no joder con esos vejesterios. ¡Guevones! Dice Juvenal para calmar el murmullo.

Cuando por fin suenan los acordes de Lizandro Meza, Juvenal lanza su grito de guerra: ¡Iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiji! Toma asiento e invita a los demás a sentarse. La familia obedece. ¡Y hoy que no me esperen en la casa! Y la mujer se tapa la cara por primera vez en la noche, lo hace con la mano diestra porque con la otra le asesta un pellizco que trata sea secreto, pero Juvenal pone el maltrato en evidencia cuando salta de la silla rimax alquilada diciendo, yay, jueputa. Nadie se escandaliza, primero porque es una agresión menor, y segundo porque se sabe que el insulto no es para Nora, sino que Juvenal suele terminar sus frases así, es casi una muletilla. Lejos de contestarle con otra pequeña agresión conyugal, Juvenal se voltea y besa a su mujer como cuando la enamoró en El Tambo, su pueblo natal. Nora después del inesperado acto de amor público, rasca sus labios y sonríe enamorada, y las sardinas (como les dice Juvenal a las adolescentes) que nunca han besado a alguien con bigote, piensan ¡gas!

 Se empiezan a formar los primeros grupos de conversación, y Juvenal, sabio en su divina procedencia fiestera, identifica como un elemento nocivo la polarización naciente y se lanza por lo que nadie que se ha atrevido, la garrafa de aguardiente que posa, altiva, en el centro exacto del comedor, patrocinio tradicional de cada año de La Abuela. ¡A lo que vinimos! Y él mismo sirve la primera ronda, pero no usa todas las copas que están dispuestas, usa sólo una y pasa sirviendo de puesto en puesto. Miguel descansa un poco, porque al ver a su padre con la garrafa ha temido que le ordene servir el primer trago. Miguel no heredó el carisma de su padre, porque para inaugurar labores etílicas hay que tener carisma, de lo contrarió, nadie recibirá. Juvenal aprueba al que lo recibe con apretón de manos que no distingue genero en cuánto a la fuerza usada, y al que no, reprueba parándose al frente, negando con la cabeza y arrugando la frente; en caso de ser dama, se deshace de la botella por un momento y usa su mano derecha como bandeja, posa con un gesto cortesano: mano atrás, pie cruzado, rodilla ligeramente flexionada. Con la presión popular nadie puede, y cuando llega a el punto de partida, todos, menos lo niños, han tomado. 

Lo nuestro empezó hace muchos años. Ella no había sido tocada por nadie y yo fui el primero. Como toda historia que empieza, la nuestra empezó bien: yo la trataba como reina y ella se comportaba como debía. Yo presumía de ella con mis amigos y ellos me decían: ojalá te dure, como si no la mereciera. Fui feliz con ella, y ella, con su obediencia me mostraba que también lo era conmigo. Yo la complacía en todo, le compraba lo mejor, esa era mi forma de consentirla, de demostrarte mi amor. Ella me lo agradecía en silencio y yo me imaginaba que tarde o temprano eso iba a reflejarse en algún beneficio para mí. De eso se trataba nuestro amor (¿el amor?): de dar y recibir.

El idilio duró lo que duran los idilios: poco. Me di cuenta de ello una vez que dejé de comprarle lo mejor. Ella me había pedido algo y yo en vez de comprarle lo más bonito, lo más fino, le salí comprando algo económico pero con la dignidad de no llegar a ser baratija. Después me arrepentí un poco, pero ya era muy tarde. Pensé que con mi cambio ella también iba a cambiar, y no me iba a entregar lo que al principio me entregaba, ya saben de qué hablo. Ese fue su primer error, empecé a sospechar que yo pudiera hacer cualquier cosa y ella seguiría igual. Me volví descarado y llegué al extremo de comprarle imitaciones chinas de lo que me pedía.

Hasta ese momento había sido desatento y un poco apático, pero el primer síntoma de desamor fue cuando empecé a desear la que tenían los demás. Sentía envidia de ver a tipos enamorados, hasta me daba rabia cómo miraban a la de otros, antes era a la mía a la miraban. Mis amigos se acostumbraron a vernos juntos, y ya no me decían nada acerca de Ella, ya no me decían qué estaba bonita. Me hicieron extrañar cuando nuestro amor era novedad, o más bien: cuando ella era novedad. Otro síntoma grave fue cuando empecé a verla fea. Lo que me parecía brillante de ella, ya no me parecía tanto, o sí, tal vez mucho. Me empezó a aburrir. Los días pasaron muy iguales, y lo que había empezado como una costumbre se volvió aun peor: yo la usaba y ella se dejaba. Estábamos podridos de rutina.

La violencia apareció una vez que me fue mal en un partido, llegué a casa y la cogí a pata. Ella ¡pobrecita! No hizo nada. Claro, tampoco soy bruto, le pegaba en partes donde no dejara huellas, tampoco quería que alguien se diera cuenta que le había hecho daño, no quería  que pensaran que estaba loco. Y lo convertí en costumbre. ¿Que perdió el América? Lleve. ¿Que me fue mal en un partido (otra vez)? Lleve. ¿Que BonIce dijo una pendejada en el Gol Caracol? Lleve. ¿Qué esta lloviendo mucho? Lleve. Y ella aguante que aguante.

Pero no fue por eso que se fue. Se fue por algún motivo que no quiero contar. Yo hubiera podido hacer algo para que se quedara, pero no lo hice. Me sentí libre. Lo que ella me daba, lo busque en otras partes. Pagando, claro. A veces pensaba que así era mejor, y dudé del beneficio que me dejó el tiempo que estuve a su lado. Nunca la imaginé en manos de otro, yo sabía que estaba sola. Tal vez por eso nunca quise que volviera.

Pasó un año. Y empezó a surgir un sentimiento subversivo que quise eliminar: deseos de tenerla de nuevo. Empecé a pensar que pagar por un ratico es cómodo, pero no llena. La quería a mi lado, a mi lado siempre, que estuviera a mi disposición a las siete de la mañana o diez y media de la noche. Empecé como un loco a conseguir dinero prestado, porque para que volviera debía tener dinero. Y cuando tuve el suficiente fui por ella y ella vino conmigo.

Mi amor había reverdecido. Fueron unas cenizas que revivieron más fuertes que las llamas que los precedieron. Pero ella no fue la misma que se fue. Vino más fea, acabado, opaca… pero no me importó. Se empezó a portar mal y yo le perdonaba todo. Yo inicié mi estrategia de reconquista, le compraba lo más caro, como al principio, y ella seguía rebelde. Parecía haber adquirido algo que antes no tenía: voluntad. Entre más patéticas mis manifestaciones de amor, más furiosa era su sublevación. Sería fácil dejarla y volver a la vida simple de pagar por raticos. Pero no, ella fue mía y cuando sentí que ya no lo era, quise que lo fuera de nuevo. Es más difícil dejar a ir lo que se quiere quedar, que a lo que se quiere ir.

MORALEJA: SI TIENE UNA MOTO AKT 125… ¡CUÍDELA!

Por ejemplo

Tengo los pensamientos más oscuros esta noche.
Pienso por ejemplo, en tu cabello negro enredándose entre mis labios
en tu sonrisa de guasón sin alma
pienso en tu mirada de sirena indolente
pienso en tu silueta protuberante y olorosa a sexo, por ejemplo.
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Escoja la respuesta que más se ajuste a su realidad. Sea sincero. Si su respuesta exacta no está dentro de las posibilidades, escoja la que más se acerque.

Las preguntas del 1 al 7, están relacionadas con la tienda.

Observe cuidadosamente la(s) que hay por su casa y responda:

1) Cuente el número de tiendas que hay dos cuadras alrededor de su casa.

a. Ninguna, hay supermercado.
b. Hay un mini mercado que hace unos años fue tienda.
c. 2 o 3, todas debidamente enrejadas
d. Creo que 4 o 5, no estoy seguro porque los establecimientos que hay por mi casa son confusos. En las droguerías venden útiles escolares, en el estanco venden leche… así que me queda difícil diferenciar cuál es tienda.
e. De 6 a 9, no estoy seguro, es que casi me roban por estarlas contando.
f. Como 10, no estoy seguro, hay unas partes a las que los de mi pandilla no podemos ir.

2) Observe el cartel publicitario de su establecimiento comercial mas cercano donde se abastezca y responda:

a. Letras grandes pegadas a una pared, normal.
b. Tiene un cartel luminario debidamente iluminado.
c. Tiene un cartel publicitario luminario pero sin bombillos.
d. Hay un cartel publicitario de Postobón con el nombre de la tienda.
e. Por los carteles verticales de fondo fosforescente. Uno dice ‘MINUTOS’ y otro dice ‘TIENDA’.
f. No hay cartel. Se sabe que es tienda porque al reverso del portón donde funciona el establecimiento comercial, hay una colección ecléctica de afiches: del álbum de Protagonistas de Novela, de leche Puracé, de la olla que regala Ricostilla, de una nueva marca de salchichón.

3) Ahora indague acerca del atuendo con que los compradores van a comprar el desayuno en la tienda escogida para el estudio.

a. No salgo a comprar abarrotes para mi desayuno, lo que necesito está en la alacena.
b. Con pantaloneta Adidas, chanclas playeras compradas en el Rodadero y camisa polo.
c. Con pantaloneta Adidas chiviada, Chanclas playeras compradas en el Ley y camiseta Gef.
d. Con pantaloneta, chanclas de Calzatodo y camiseta de Amway.
e. En pantaloneta, camiseta, pero con chanclas Croydon.
f. Descalzos, en pantaloneta y sin camiseta.

4) Con qué frecuencia se abastece?

a. No sé, María es la encargada de eso.
b. Es indefinido, cuando el mercado se está acabando, vamos en familia y comemos helado a la salida del super mercado.
c. Cada mes, si pagan cumplido en la empresa.
d. Cada 15 días. Con la quincena, claro.
e. A diario, después que entreguen el producido del taxi.
f. A diario, después que mi Papá (o yo) llegue con el producido del mototaxi.

5) Indaguemos en la forma de pago.

a. María paga con Visa.
b. Efectivo o tarjeta del super mercado en donde se haga el abasto.
c. Sólo efectivo.
d. Efectivo y el vecino fía cuando (por un mal cálculo de la compra) el dinero llevado no es suficiente.
e. En su mayoría, fiado. Se paga cuando llegue la quincena.
f. Efectivo y fiado. La segunda sólo si el vecino se da cuenta que tengo jornales.

6) Indague en la forma como se llaman cliente-proovedor.

a. Salvo María, no se los nombres de nadie quien me sirva.
b. No hay necesidad de llamarnos.
c. Yo le digo Don Pedro y él me dice Doctor (si supiera lo lejos que estoy de serlo!)
d. Él me dice vecino, pero yo le digo Doña Juana.
e. Yo le digo vecino y él me dice vecino.
f. Yo le digo Patecumbia y él me dice Pocheche

7) ¿Expenden salchichón?

a. ¿Salchichón? ¡Qué nombre tan curioso para un alimento!
b. Sí, pero le decimos embutido.
c. Sí, pero mi mujer no me deja comprar porque es antihigiénico.
d. Sí, pero sólo Zenú.
e. Sí, hay de pollo y ahumado. Siempre compro del primero.
f. Sí, hay de pollo y ahumado. Siempre compro del segundo.

Las siguientes preguntas estarán relacionadas con el barrio. No lo niegue.

8 )  Cuente el número de canchas microfutbol que hay en su barrio.

a. Una y hay que pagar para jugar.
b. Una. Y nunca se usa.
c. Una. Y solo juegan allí personas de otros barrios.
d. Como 2 o 4, y son usadas como canchas de microfútbol, nunca como canchas de futbolito.
e. Más de 5 y son suficientes.
f. Más de 5 y por las noches y domingos por la mañana, todas están llenas.

9) Ahora recordemos los Diciembres en la cuadra donde vive y responda de acuerdo a la decoración de temporada:

a. Con mangueras luminarias que bordean toda la casa, casa-finca en mi caso.
b. No hay adornos especiales, no exteriormente.
c. Con discretas luces que cada casa pone de acuerdo a sus gustos.
d. Pintamos los postes, pintamos muñecos en la calle y se sacan los bombillos de todos los años, los que hacen de pasacalle.
e. Hacemos adornos con material reciclable, con los cuales son engalanadas uniformemente todas las casas, además, pintamos logos comerciales de empresas radiales. Hemos ganado 4 veces consecutivas la Cuadra Tropicana.
f. Pintamos los postes, nos gustaría pintar la calle, pero la tierra es muy difícil de pintar.

10) Si usted hace una fiesta en su casa….

a. Nunca hago fiestas en mi casa, para eso está el club.
b. Van menos personas de las invitadas, a las cuales se les ofrece güisqui toda la noche.
c. Van sólo los invitados, a los cuales al principio se les brinda güisqui y luego aguardiente.
d. Van solo los invitados. La fiesta termina con mi mujer echándonos y nos toca ir a rematar a otra casa. La fiesta termina cuando llega la policía diciendo que los vecinos llamaron y que hay mucha bulla.
e. Se llena la casa con invitados y conocidos que no han sido invitados. La fiesta termina en pelea a puños, la policía llega pero tarde.
f. Se llena su casa con invitados y con gente que no conoce. La fiesta termina en pelea de pandillas, la policía nunca llega.

Ahora indaguemos en el la intimidad de una casa cualquiera de su barrio…

11) Escoja una casa cualquiera y observe los diplomas que hay en ella
a. Hay muchos y están ordenados de acuerdo a las generaciones. Están ubicados en el estudio.
b. Hay tres diplomas universitarios, uno de la mujer, otro del marido, del hijo. Están el estudio.
c. Hay dos dos diplomas, uno de la mujer y otro del marido, en la sala
d. Hay un diploma de bachiller, y uno universitario, los dos en la sala.
e. Hay un diploma de bachiller y uno del Sena, los dos en la sala.
f. Hay un diploma de bachiller y está en la sala.

12) Vaya con 6 personas y pida que le regalen agua a todos, observe los vasos

a. No nos dieron agua
b. Todos iguales, todos cristales
c. Todos son iguales, hay 5 cristales y completaron con uno de cafe
d. Todos son iguales, los vasos son metálicos
e. Todos son diferentes, hay uno de mermelada
f. Todos son diferentes, hay uno de una promoción de Postobón de la Copa América del 99

13) Haga la siguiente prueba: escoja una familia amiga que viva en su barrio, visitela a eso de las 4 de la tarde y como gesto de cordialidad, obsequie dos mil de pan, espere la hora del café:

a. Me dieron sólo agua.
b. Me dieron té con galletas.
c. Me dieron café con croassant
d. Me dieron café con pan, pero no el que llevé.
e. Me dieron café con el mismo pan que llevé.
f. Me dieron café con plátanos fritos.

14) Haga la siguiente operación: (# de cuartos) %( # de personas que viven en su casa), responda de acuerdo al resultado:

a. No sé, ¿la servidumbre cuenta cómo habitantes de la casa?
b. 2
c. 1,5
d. Exactamente, uno.
e. 0,5
f. No sé. Mi hermano duerme en una colchoneta en la sala, ¿la cuento como pieza?

15) Cuando se acaba el champú en su casa, ¿qué hace?

a. Nunca se ha acabado.
b. Voy a el lugar de abastos más cercano, compro el champú y aprovecho para comprar otras cosas que hacen falta.
c. Voy a al mini y compro un tarro pequeño.
d. Voy a la tienda y compro un cojín de champú.
e. Voy a la tienda y fío una papeleta de champú.
f. Lleno con el agua el recipiente vacío, lo bato y me baño con el agua-espuma que resulta de la operación.

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Resultado:

Asígnese puntos de acuerdo a lo siguiente:

a) –> 6 puntos

b) –> 5 puntos

c) –> 4 puntos

d) –> 3 puntos

e) –> 2 puntos

f) –> 1 punto

Si obtuvo 90 puntos, deje de hablar paja y…¡COJA OFICIO!

Si obtuvo entre 77 y 89 puntos, pertenece al selecto estrato 6. Lo insultaré públicamente cuando lo vea en carteles publicitarios políticos, pero lo envidiaré en silencio.

Si su resultado está entre 65 y 76 puntos, usted pertenece al estrato 5. Sigua luchando, algún día será del 6.

Entre 53 y 64 puntos, usted pertenece al estrato 4. Hay dos opciones: que sea un pobre superado o rico caído en desgracia. Asomarrano te desea lo primero.

Entre 41 y 52 puntos, pertenece al combativo estrato 3. ¡Siéntase orgulloso! Es el primer estrato que no recibe Sisben ni auxilio de Familias en Acción. Haga saber el hecho.

Entre 29 y 40 puntos, usted pertenece al maltratado estrato 2. Sabemos que a veces pasa por algunas dificultades, pero, ¡tranquilo!, puede ser peor.

Entre 16 y 28 puntos, usted pertenece al estrato 1. Asomarrano pide disculpas si lo hemos ofendido, pero al mismo tiempo, lo felicitamos por contestar sin pena y sinceramente.

Si obtuvo 15 puntos, deje de hacer test pendejos, póngase a trabajar si quiere conseguir plata y…¡COJA OFICIO!


Uno se mete a escribir porque algo le duele, porque debe en la tienda y ya no le van a fiar más, uno se mete a escribir porque no pudo aprender a tocar guitarra y canta tan feo que la mamá lo calla cuando lo hace en la ducha, porque todas las ex han conseguido novios mejores que uno, porque una vez ellas se van a casar y van a ser felices, porque hay una brecha muy grande entre las chicas que a uno le gustan y las que le hacen caso, porque le gusta trasnochar, porque escribir le parece un oficio esnobista y así piensa conseguir que las chicas lo amen, uno se mete a escribir porque vive aun con su madre.

Uno se mete a escribir porque es muy enano y viejo para ser futbolista, porque es muy feo y enano para ser modelo, porque no conoce Buenos Aires, porque quiere estar solo, porque Facebook cada día lo aburre más, porque amó a alguien y alguien lo amó, porque sus amigos están triunfando, porque a uno le gusta el look de las chicas intelectuales, porque cree que la vida de uno es más interesante que la de los demás, porque la maldita pelirroja le importa nada si uno muere por ella o si sale mi foto en la primera plana del Extra, porque le gustan las pelirrojas, porque anteriormente le gustaron las negras, después las monas y las trigueñas, en ese orden.

Uno se mete a escribir porque un amigo le dijo que nunca iba a ser feliz, porque le gustan las cosas gratis, porque quiere pasear por una ciudad en invierno con una bufanda amarrada al cuello, porque no sabe lo que quiere, porque no puede vivir como Sabina, porque no puede vivir, porque una chica se decepcionó y uno quiere vengarse, porque no ha hecho nada importante con su vida, porque piensa que es especial, porque se aprendió diez palabras raras y piensa que con eso basta, porque ha leído mucha basura, porque quiere conocer a Charly García y quiere que le diga que le gusto su libro, porque quiere ir a un programa con Paulo Coelho y decirle, al aire, lo que piensa de sus libros, uno se mete a escribir porque escribió un cuentico y ya se la creyó.

Uno se mete a escribir porque los brutos del colegio ya son abogados y tienen carro, porque la psicóloga ya no se lo aguanta más, porque es el chico nada, porque quiere que sus padres se sientan orgullosos de uno por cualquier cosa, uno se mete a escribir porque a veces se ve una película y llora, porque vio el Rey León y lloró, porque le duele algo pero es feliz, porque quiere que una chica se arranque los pelos de la rabia cuando lo vea ganando un premio, uno escribe porque puede reírse de sus desgracias.

Uno se mete a escribir porque sabe poner comas y empieza los párrafos con mayúscula, porque le gusta que le digan que es bueno en algo, porque cuando va por la calle, se la pasa pensando en güebonadas que lo hacen reír solo y la gente piensa que uno está loco, porque quiere decirle algo a alguien pero no sabe cómo, porque nunca hizo un gol importante, porque le gusta sentir la sensación del teclado en los dedos, porque quiere aprender algo para distraerse cuando vaya preso por apalear a un ladrón, porque piensa que Calamaro es un genio y piensa algún día escribirle una canción, porque una niña una vez le dijo que no quería bailar, porque no puede odiar a nadie, porque nadie lo odia, porque tiene miedo, porque sabe que lo aman pero se siente solo, porque llora como niña por la noche, porque piensa que el futbol combina bien con la literatura, porque una chica le hizo daño, porque no quiere que le nieguen la visa gringa, porque le gustó una maldita canción cursi, porque quiere ir a Miami y, al volver, decir que es como Cali pero grande. Uno se mete a escribir porque es un güebón.

Pero es bueno escribir, sobre todo cuando son las tres de la mañana y al otro día si hay que hacer algo importante. Es bueno escribir, sobre todo cuando ninguna chica quiere acostarse con uno por temor a estar en el blog que uno escribe. Es bueno escribir, sobre todo cuando uno está destrozado y todos se dan cuenta y uno inspira lástima. Sobre todo cuando uno está presentando un examen de Radiocomunicaciones y se le ocurre una idea para un cuento y no se puede concentrar, sobre todo cuando uno escribe un cuento en el cuál alguien se suicida y la mamá piensa que uno se va a suicidar y le pide ir al psiquiatra, sobre todo cuando los familiares le dicen que no pierda tiempo en pendejadas y que se gradué rápido. Es bueno escribir, sobre todo cuando a tu novia le importa más el despecho de su amiga gorda que lo que uno le escribió.

Creo que la vejez me tomó por sorpresa. Creo, también, uno de los síntomas más evidentes de este hecho es mi deseo por impartir una cátedra Universitaria. No estaría mal ser profesor de la asignatura “Introducción a la Ingeniería”. Abusando de mi suerte esperaría dictarla en la prestigiosa facultad de Ingeniería Electrónica de la Universidad del Cauca.  Esta materia es clave, con ella, los jóvenes corazones ingenieriles tendrán una idea aproximada del mundo al que se enfrentarán. Sin embargo, aun cuando tengo experiencia comprobable y un relativo éxito profesional (vivo de arriendo, pero pago cumplido), aún no he recibido ninguna propuesta por parte de la decanatura de la FIET (Facultad de Ingeniería Electrónica y Telecomunicaciones). Teniendo en cuanta lo anterior, me he tomado la molestia de diseñar un plan de estudios, que puede reflejar los alcances de mi anhelado sueño.

Al grano:

Solo se deben abordar tres temas (perfecto para dos exámenes parciales y un examen final).

Tema I. Humildad.

Razón:

Señor estudiante de la FIET: usted no es nada. Posiblemente ha sido víctima (como lo fui yo), de un complot regional que los adultos mayores han configurado. Como resultado,  tiene un ego desmesuradamente elevado, acaso no ha escuchado la frase “’¡¡¡ES QUE A LOS INGENIEROS DE UNICAUCA SE LOS PELEAN LAS EMPRESAS!!!”.  Futuro colega, es falso. Métase esto en la cabeza: los únicos que se quitan el sombrero con su impresionante título son su papá, su mamá, su tío borracho y la señora de la tienda (si querido amigo, la que tiene una hija de 16 con hijo a bordo y que ve en usted un buen prospecto).

Objetivo de la materia:

Poner en su sitio al estudiante. Al terminar el tema usted comprenderá que nadie se baja los pantalones ante su diploma de piel de cabra y letras góticas. Sólo el trabajo y los resultados hablarán por usted.

Metodología:

Durante dos meses el futuro ingeniero se verá sometido a tortura psicológica y física. Se analizarán estadísticas de la calidad de trabajos que un ingeniero debe realizar al comienzo de su vida profesional. Se compararan salarios de egresados de otras universidades. Un seminario dirigido por ingenieros chocoanos, costeños, rolos, paisas, bumangueses, mostraran como Popayán es difícilmente ubicado en el mapa nacional.

Lectura de los ensayos:

“El mundo seguirá rotando aunque yo muera.”

“Mis compañeros universitarios de otras carrearas y otras universidades, tiene tanta valía como yo”

“Yo soy Juan Salvador Gaviota, pero con las alas rotas”

Evaluación:

El estudiante pronunciara tres veces la siguiente frase con convicción (de la convicción depende la nota):

“Ingenieros buenos, bonitos y baratos hay por montones y en todos lados”

Tema II. El trasnocho.

Objetivo:

Convertir al estudiante en una suerte de hombre-búho, siempre atento y alerta a cualquier señal de trabajo.

Razón:

Un estudiante de la FIET no sabe cuánto debe trasnochar como profesional. Los médicos al menos conocen esta situación, ya que estos, en sus últimos semestres conviven con el asunto: rotes, residencias, etc. Un ingeniero no tiene puta idea sobre cuánto debe laborar en la noche (de hecho no tiene puta idea de nada).

Metodología:

Trabajos forzados en actividades repetitivas, sin posibilidad de ingerir alcohol.

Evaluación:

82 horas de pie sin dormir, mientras admiran mi fantástico talento para emborracharme y contar historias que no llevan a ninguna parte (en este blog se puede encontrar abundante material de estudio).

Tema III. Temas fisiológicos-sociológicos.

Razón:

El Payanés promedio caga en su casa, esto no es posible en ciudades grandes.

Objetivo:

Preparar el cuerpo del futuro ingeniero en los azares de la vida, el estudiante aprenderá a cagar donde le toque y no donde le plazca.

Metodología:

Serán impartidas técnicas adecuadas para lograr el objetivo: concentración estomacal, lectura de libros y revistas en baños públicos, teoría del graffiti de baño de mala estampa, yoga intestinal. Nos concentraremos en el método griego (respiro – respiro – pujo), y en el romano (pujo – pujo – respiro)

Evaluación:

El estudiante aprobará el examen final si consigue cagar en un laboratorio apropiado: los baños de la Facultad de Ingeniería Electrónica. El examen es individual, aunque se permiten conversaciones entre los módulos sanitarios (el apoyo entre colegas siempre es fundamental).

Si algún estudiante presenta problemas digestivos el día de la evaluación, o no se siente en disposición (o deposición) para ello, se le permitirá realizar un examen supletorio. Sin embargo, debo aclarar que si esto sucediese la actividad sería algo más compleja. Yo soy de los profesores que creen que el supletorio debe ser algo más complicado, así que la tarea se realizará bajo presión, mientras él o la estudiante se encuentra en el sanitario, yo golpeare repetidas veces la puerta de dicho baño manifestando disgusto y apuro.

Debo anotar que aunque el tema pareciere superfluo, realmente es de vital importancia, por tanto no toleraré frases como: “Profe, póngame 2.5, mire que hice chichí”.

FIN DEL CURSO

Si lo anterior les parece adecuado convoco a una marcha exigiendo la implantación de mi pensum. Podríamos incluir temas como: “La mujer ingeniero: mitos y realidad”, “Como pedir descuentos por cantidad en burdeles”, “El pedito en el puesto de trabajo. Cómo culpar al compañero de cubículo” y quizás trabajarle a una materia en la cual soy un especialista “Con quien acostarse por trabajo. Técnicas de un trepador”

Att:

El ingeniero hidalgo Bugaboox “Profesor de corazón – Ingeniero de la FIET por error”.

No seas tan hija de puta


No te vistas tan linda los lunes. Los lunes que las chicas van a la universidad de jeans y tenis, tú paseas orgullosa por todo el pasillo esas piernas ligeramente huesudas enmarcadas en ese vestido blanco ceñido. Bajo la óptica fútil de la estética le harían falta algunas carnes, pero tu actitud las hacen bellas. Las luces con tanta altivez, que cuando te veo digo: ¡no seas tan hija de puta, que hermosa eres!

Los lunes de jeans y tenis, tú acompañas tu falda blanca con esa blusa blanca mefistofélica, la de tiritas. La que desnuda tu perfecta palidez. No seas tan hija de puta, no dejes caer el fuego de tus cabellos sobre tu blusa blanca. Sabes que me vuelve loco, me desasosiega. No lo disfrutes, ¡hija de puta!

No bajes tu cabeza y no te rías contigo misma cuando sabes que te estoy mirando. No me invites a hablarte, sabes que me queda difícil hasta decirte “hola”. Creo que lo descubriste y por eso lo haces, eso sacia tus ínfulas de deidad. Desde tu valquiria me dices cosas del tipo: “Hola Cachávez. Qué me cuentas?”. Primero… “¡¿Cachávez?!” no seas tan hija de puta, ¿por qué me dices “Cachávez”?, ¿quieres diferenciarte, cierto? Infieres que ninguna chica me dice Cachávez y quieres ser la única, quieres ser recordada. Ahora…”¡¿Qué me cuentas?!”, sabes que esa pregunta me obliga a contestarte con una frase del tipo: “te cuento que mi vida va bien”. Me imposibilita a hacerlo con una sola palabra como “Bien”, eso sería delatar la estupidez que me provocas, porque evidenciaría que no entendí la pregunta. Pero no, no puedes preguntarme “¿Cómo estás?” para responderte “Bien”, como sos tan hija de puta, me dices “¿Qué me cuentas?”, si me queda difícil decirte “hola” ahora “te cuento que mi vida muy bien” es un tormento. Empiezo a tartamudear a la segunda palabra, la primera no, esa me sale por reflejo. Tu siempre que lo notas, ¡hija de puta!, cambias de posición la comisura derecha de tus labios. No es precisamente una sonrisa, es un gesto de placer.

Antes, el domingo por la noche limpiaba la chaqueta que me dijiste me quedaba bien, porque inexorablemente iba ser vestida al otro día. Quería que notaras que si me ponía esa chaqueta era porque me vestía para ti, pero alternaba el resto de prendas para que no pensaras que era la única ropa que tenía. Los zapatos siempre limpios, porque me dijiste que te fijabas en ese detalle. ¡Qué hija de puta sos! Filtrabas datos en mi cabeza, porque sabías que luego yo los iba a usar.

Pero ya me cansé. No quiero ser el pedestal que necesitas para ver el mundo. Los domingos ya no alisto la chaqueta porque dejé de usarla los lunes. Eso sí, estoy pendiente de no usarla. Es como un mensaje del tipo: “si ves? Ya no me importas!” Pero mira que contradicción, si evito ponerme la chaqueta es porque todos los lunes (al menos) te pienso, ¡hija de puta! Los domingos por la noche ya no limpio mis zapatos, pero si pongo a cargar mi reproductor mp3. Es mi principal herramienta en la misión de minimizar el número de palabras dirigidas hacia ti los lunes. Además, le pongo música que no conoces pero pienso que, tal vez, pudiera interesarte. Me ilusiono con la posibilidad que un día me preguntes por la música que estoy escuchando y compartamos los audífonos. Podría llenarlo con esos grupitos que te gustan, para (hipotéticamente) sacarte un “chévere, también los escucho” y sentir que tenemos algo en común, pero me arrepiento, no me parece buena estrategia, tal vez te quitarías los auriculares porque ya tienes esas canciones en tu reproductor blanco; mejor grabo canciones que creo tienen el potencial de despertar tu curiosidad: meto algo esnobista tipo Bajofondo, y canciones que cuenten una historia, alguna de Sabina, seguro. Así –pienso- te quedarías pegada a mi reproductor por lo menos por 4 minutos, y yo, pegado del otro auricular… disfrutaría tu cercanía maldita. ¡Qué pendejo que soy! Me ilusiono con verte hasta cuando planeo alejarte.

Entonces llego a la facultad sabiendo que te voy a encontrar. Escucho música al máximo volumen, para cuando te encuentre, no pueda escuchar lo que me dices. Allí si está justificada la palabra solitaria. Si me dices: “Hola Cachávez, que me cuentas?”, está bien que te diga simplemente “Hola”, que es un saludo genérico, tu sabrás suponer que no escuché el resto. No me sentiría idiota ignorando la segunda parte, como si lo hacía antes, cuando no llevaba algo que ocultara tu sonido. Y así lo hago, simplemente paso diciendo “Hola” y desecho el resto del saludo. Porque sé qué me dices más que “Hola”. Sí me saladuras con el escueto “Hola”, necesitarías abrir la boca sólo una vez. Pero noto que la abres varias veces, como para decir “Hola Cachávez, qué me cuentas?”. Escúchame esto: ¡cuento las veces que abres la boca cuando me saludas! ¡Soy un pendejo!

Bien podría entrar por la otra puerta y evitarme la complicación: que el mp3, que la música, que la ropa… pero no, quiero olvidarme de ti, pero me encanta verte. ¡Hija de puta!