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Archive for 30 septiembre 2010

En edad de merecer

Si. A veces creo que seré un buen padre. Me imagino con mi hijo –que lo quiero llamar simplemente Juan, como muestra de austeridad y egoísmo- en un parque,  hablándole de mujeres y celebrando que sus dedos, aun frágiles, han escogido una morena de caderas convergentes como muestra de buen gusto (aquel que a su padre le faltó, a veces); la madre nos mira, furiosa, calla y mira de reojo sus nalgas. En otra visión esta Juan –no he considerado que sea niña- luciendo orgulloso, su acervo deportivo, gritando ardorosamente el quimérico milagro del futbol, abrazando a su padre y  enseguida, a una morena de relieves insoslayables que esta junto a nosotros; entre tanto, su madre nos ve por televisión y desea que el abrazo no se vuelva familiar. Esas dos visiones advierten que Juan y su padre pasarán entrañables momentos, incorruptibles por el mordaz paso del tiempo. También me veo dándole precisos consejos cuando el díscolo Juan sufra su primera herida del amor, encubriendo tal vez, la poca autoridad moral que tiene su padre para hablar de mujeres. O me visiono infligiendo un justo castigo al calor de unos rones, cuando Juan haya huido irresponsablemente en mi auto. Eso demuestra que seré un padre perfectamente equilibrado, no tan mojigato como para evitar tomarme un trago con mi hijo, pero tampoco tan indulgente como para permitirle una huida con aquella que le ha roto el corazón, además, con el agravante de usar el carro de su padre.

No. Otras veces creo que seré un mal padre. Tal vez una noche llegue con un séquito de borrachos que celebran mi pésimo humor como contraprestación a que he ofrecido mi casa hasta que sólo el límite del licor -y no la decencia-, pueda imponer; olvidando tal vez, que Juan descansa merecida y necesariamente para sus pruebas selectivas a la universidad. Y más tarde, cuando un almuerzo se vea interrumpido por los malos resultados, lance dicterios y en una insipiente amenaza, ciego de ira, incluso dictamine que tendrá que estudiar en la Fundación.

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Si. Encontraré a una buena mamá. El mundo está lleno de mujeres maravillosas y en cualquier parte es fácil encontrar a una que se despoja de su saco para cobijar a su hijo, una que le perdona a su hijo cualquier falta (así sea una ofensa hacia ella), una que sin ninguna contención, deja caer sus lagrimas hasta porque su hijo se ha graduado de la Fundación. Hay madres abnegadas, responsables, amorosas, valientes, comprensivas, entregadas y alguna de ellas podría ser la madre de Juan.

No. Es muy probable que no exista. He visto casos terribles de mujeres que abdican ante el embate de la tormenta que produce una pasión nueva, y abandonan a sus hijos a la torpe crianza que un padre pueda darles. Recuerdo a mi perra Sombra. Era la peor madre del mundo. Se acostaba encima de los cachorros, no dejaba que le mamaran, por recordar algo. Una vez hice una prueba: me puse todas las medias de futbol en mis brazos y asome a cada uno de sus cachorros por el balcón (como Micheal Jackson a Blanked), pero Sombra, en evidente gesto aprobatorio, me lamió. Yo conocía a Sombra y era claro que me comunicaba: “Fresco, suéltelos” o “No soy una mamá digna, llévelo al Bienestar Perruno”.  Ahora reflexiono y pienso que, como Sombra, hay otras perras que no les importa su descendencia y una de ellas puede ser la mamá de Juan.

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Si. Finalmente, una plena vida familiar es lo que todos queremos. Cuando abrazo mis nostalgias para buscarle sentido a mi vida, siempre aparecen, en un pedestal, los recuerdos familiares (que no nombraré por física pereza mental). Testimonios como: “mi hijo es una bendición”, “mi hijo es lo más hermoso que me ha pasado”, “es lo que me motiva a levantarme”, “mi familia es por quien lucho”, me producen escalofríos y quisiera sentir alguna vez lo que ellos están sintiendo. Entonces me da por pensar que aquello es lo trascendente y que así como con mi familia pude formar ese mar de bellos recuerdos, lo haré junto a Juan y a su madre, que es posible que existan o no.

No. Ser mancebo es un estado de inteligencia superior. Si bien el objetivo biológico de todos los seres es transmitir sus genes, los hombres tenemos algo que nos diferencia: conciencia. Ella nos da la facultad de desviarnos del aburrido y lineal nacer-reproducirse-morir, para pensar nuestras vidas de maneras más versátiles. Parece ser que por ello, en medio del efluvio, todos los tíos cuando se emborrachan, aconsejan lo mismo: mijo, no la cague tan rápido, mire que después de los hijos y la mujer (respiro profundo)….tuqui-tuqui-lulú, y su mano sugiere una dolorosa decapitación. En toda familia siempre hay un mancebo (solterona se llama en caso de ser dama), y en reuniones familiares se distingue porque es el menos arrugado de sus hermanos, el que más ha viajado, el que toma con los sobrinos y el que todavía baila enamorado con su novia veinte años menor. Siempre me ha seducido ese estilo de vida, la encuentro honorable, elegante, protestaría. Y ahora con la pastillita del día después, que venden a cómodo precio en Profamilia, es fácil que un accidente no se interponga si decido  vivir como la tortuga Jorge.

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Si. Mi vida económica será saludable y mi descendencia tendrá buena vida. A veces pienso que los hijos no son impedimento para una riqueza floreciente, al menos  no tendrían que serlo para una pobreza decente. No recuerdo un magnate sin hijos. Siguiendo esa lógica, mi sueño de ser un nuevo rico será perfectamente compatible con Juan, quien se beneficiará de los humildes talentos de su padre. Y yo le garantarizaré por lo menos la educación (aunque sea en la Fundación), y algo que nunca tuve: unos guayos Nike.

No. Tener un hijo es muy caro. Debo confesar que si fuera mujer, me estaría dejando el bus, eso quiere decir que la mayoría de mis amigos han procreado. Entonces, soy conocedor indirecto del precio de la paternidad. Y es alto. Que los cuadernos de Natalia Paris, para que estudie a gusto; que las citas de psicología, porque si no se suicida; que la ropa de marca, para que se acompleje; que los guayos Nike, para que no se acomplejé el papá; que las cenefas de conejitos, porque tiene que vivir en un ambiente cálido; que tiene que estudiar en Los Andes, porque es el único colegio en Popayán donde no hay gamines; que los uniformes comprados en Deportivos Pubenz, porque los que le hace la abuela quedan chuecos; que hay que meterlo al Cambridge, porque si no fracasa; que hay que vivir en conjunto cerrado, porque si no se vuelve marihuanero.  Todos esos gastos me aterran. Además, veo a mis amigos exprimirle hasta el último centavo a su tarjeta Éxito en temporada escolar. Cuando soy testigo de lo cerca que convive la economía familiar con el límite crediticio impuesto por Datacrédito, se me ocurre que hay muchas ciudades por conocer, muchas playas para emborracharse, muchas mujeres para invitar a Paris, pero sobre todo: muchos mundiales por vivir. Concluyo que si se me ocurriera ser padre, tendría que hacer un gran esfuerzo para derrotar mi egoísmo. Hasta hoy, todo el dinero que gane lo quiero para mí y tal vez, si me doy por vencido en el amor, para una mujer florero.

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Si. Juan será el hijo que siempre soñé. La mala información genética de su padre será corregida cuando su madre consumada frenéticamente Emulsión de Scott, acido bórico, Kola Granulada, Vitacerebrina, Vino Sansón, Omega 3, zarzaparrilla del doctor Lher, y cuanto producto nos ofrezca el tipo que más aparenta felicidad en el mundo: cualquier vendedor de Omnilife. Su cuerpo será tan fuerte, como su alma, y le evitará a su padre, trasnochadas y peleas con los funcionarios ineptos del risible sistema de salud colombiano. Será un galán, recibirá llamadas anónimas y mensajes insinuantes en su Facebook (si todavía existe).  En cuanto a su personalidad, será un caballero, como lo intentó ser su padre. Será educado, culto, gallardo, honorable. Será buen hijo. Sin muestra de anarquía, aceptará el gobierno doméstico, comprará todos los años un bonito regalo para el día del padre, y cuando sea universitario, buscará las compañeras más bonitas para hacer trabajos en la casa, sabiendo que su padre las espiará por la ventana que da al estudio y será ligeramente más feliz. Mientras tanto –es posible– su madre espíe a su padre y de reojo, de nuevo, mire su cola. Juan será inteligente y sabrá no seguir los malos ejemplos que ha visto en su padre.

No. Temo que Juan no sea que lo que quiero. El aprendizaje es a menudo caprichoso. Se puede dar la mejor educación, dar el mejor ejemplo, aplicar todo lo que enseñan los libros de padres, pero siempre se corre el riesgo que un hijo salga como si lo hubiera criado el Tino Asprilla y hubiera estudiado en el Inem. Pasa con los gemelos, los dos han vivido en ambientes sociales como ellos, idénticos, pero siempre hay uno ramplón y otro juicioso (que un sociólogo me explique). Sumando todo, es posible que Juan sea maleducado, feo, ordinario, bruto. Tanto, como aprender de los malos ejemplos que le da su padre. Es un riesgo que no se si lo quiero correr.

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Pero mi abuelo, con su sabiduría campesina me he enseñado que no hay que ensillar las bestias antes de traerlas, entonces no tengo que resolver mis dudas acerca de mi paternidad antes de conseguir una dama que me crea digno de reproducción.

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Bonus Track:

Otras razones para reproducirse:

  • Para que por lo menos una persona que cargue mi ataúd, le haya importado mi vida.
  • Para culpar a alguien si no llego a tener plata.
  • Para que alguien me mantenga cuando este viejo.
  • Para demostrar que mi aparato reproductor funciona.
  • Porque disfrutará de unos buenos abuelos.
  • Porque me gusta mi apellido.
  • Para que mi mamá no piense que soy gay.
  • Porque es posible que mi hijo sea un buen hijo y simultáneamente, millonario.
  • Para ser abuelo.
  • Para ser tan buen padre como mi padre.

Otras razones para no reproducirse:

  • Porque el mundo está muy poblado.
  • Revelarme contra la sociedad.
  • Para no preocuparme por dar bien ejemplo.
  • Para no aguantarme a ninguna mujer en embarazo.
  • Para no ver ningún parto.
  • Para solo preocuparme por mis problemas.
  • Para no tener que explicar mis errores en retrospectiva.
  • Para no cambiar pañales.
  • Para no ir a la cárcel si quiebro.
  • Para que no sea gobernado por Juan Manuel Santos o el que siga de la saga Uribe.

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JUCO & Co

Siempre he criticado la falta de pragmatismo de ciertas personas. Y la autoridad moral para hacerlo me la da pertenecer al selecto grupo de los 44 millones de técnicos ad hoc de la selección Colombia y la extendida creencia de que los ingenieros nos encontramos por encima de la esfera social (como se ha probado en múltiples estudios en seriesísimas universidades de Latvia y Marruecos).  Una de estas personas es JUCO. Y digo que es una persona por razones históricas, ya que siempre creí que Él era un romántico enamorado que expresaba su quijotesco amor en forma de pintura no removible. Lo idealicé hasta el punto de no tratar de entender la insistencia con que repetían incansablemente el mismo mensaje ineficaz con mínimas variaciones lexicales . Supuse por un largo tiempo que este vástago del amor incomprendido simplemente le gustaban las abstracciones poco creativas por el mero placer de castigarse a sí mismo y al dueño del lienzo donde dibujaba su desconsuelo.

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