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Archive for 27 abril 2011

Creo que la vejez me tomó por sorpresa. Creo, también, uno de los síntomas más evidentes de este hecho es mi deseo por impartir una cátedra Universitaria. No estaría mal ser profesor de la asignatura “Introducción a la Ingeniería”. Abusando de mi suerte esperaría dictarla en la prestigiosa facultad de Ingeniería Electrónica de la Universidad del Cauca.  Esta materia es clave, con ella, los jóvenes corazones ingenieriles tendrán una idea aproximada del mundo al que se enfrentarán. Sin embargo, aun cuando tengo experiencia comprobable y un relativo éxito profesional (vivo de arriendo, pero pago cumplido), aún no he recibido ninguna propuesta por parte de la decanatura de la FIET (Facultad de Ingeniería Electrónica y Telecomunicaciones). Teniendo en cuanta lo anterior, me he tomado la molestia de diseñar un plan de estudios, que puede reflejar los alcances de mi anhelado sueño.

Al grano:

Solo se deben abordar tres temas (perfecto para dos exámenes parciales y un examen final).

Tema I. Humildad.

Razón:

Señor estudiante de la FIET: usted no es nada. Posiblemente ha sido víctima (como lo fui yo), de un complot regional que los adultos mayores han configurado. Como resultado,  tiene un ego desmesuradamente elevado, acaso no ha escuchado la frase “’¡¡¡ES QUE A LOS INGENIEROS DE UNICAUCA SE LOS PELEAN LAS EMPRESAS!!!”.  Futuro colega, es falso. Métase esto en la cabeza: los únicos que se quitan el sombrero con su impresionante título son su papá, su mamá, su tío borracho y la señora de la tienda (si querido amigo, la que tiene una hija de 16 con hijo a bordo y que ve en usted un buen prospecto).

Objetivo de la materia:

Poner en su sitio al estudiante. Al terminar el tema usted comprenderá que nadie se baja los pantalones ante su diploma de piel de cabra y letras góticas. Sólo el trabajo y los resultados hablarán por usted.

Metodología:

Durante dos meses el futuro ingeniero se verá sometido a tortura psicológica y física. Se analizarán estadísticas de la calidad de trabajos que un ingeniero debe realizar al comienzo de su vida profesional. Se compararan salarios de egresados de otras universidades. Un seminario dirigido por ingenieros chocoanos, costeños, rolos, paisas, bumangueses, mostraran como Popayán es difícilmente ubicado en el mapa nacional.

Lectura de los ensayos:

“El mundo seguirá rotando aunque yo muera.”

“Mis compañeros universitarios de otras carrearas y otras universidades, tiene tanta valía como yo”

“Yo soy Juan Salvador Gaviota, pero con las alas rotas”

Evaluación:

El estudiante pronunciara tres veces la siguiente frase con convicción (de la convicción depende la nota):

“Ingenieros buenos, bonitos y baratos hay por montones y en todos lados”

Tema II. El trasnocho.

Objetivo:

Convertir al estudiante en una suerte de hombre-búho, siempre atento y alerta a cualquier señal de trabajo.

Razón:

Un estudiante de la FIET no sabe cuánto debe trasnochar como profesional. Los médicos al menos conocen esta situación, ya que estos, en sus últimos semestres conviven con el asunto: rotes, residencias, etc. Un ingeniero no tiene puta idea sobre cuánto debe laborar en la noche (de hecho no tiene puta idea de nada).

Metodología:

Trabajos forzados en actividades repetitivas, sin posibilidad de ingerir alcohol.

Evaluación:

82 horas de pie sin dormir, mientras admiran mi fantástico talento para emborracharme y contar historias que no llevan a ninguna parte (en este blog se puede encontrar abundante material de estudio).

Tema III. Temas fisiológicos-sociológicos.

Razón:

El Payanés promedio caga en su casa, esto no es posible en ciudades grandes.

Objetivo:

Preparar el cuerpo del futuro ingeniero en los azares de la vida, el estudiante aprenderá a cagar donde le toque y no donde le plazca.

Metodología:

Serán impartidas técnicas adecuadas para lograr el objetivo: concentración estomacal, lectura de libros y revistas en baños públicos, teoría del graffiti de baño de mala estampa, yoga intestinal. Nos concentraremos en el método griego (respiro – respiro – pujo), y en el romano (pujo – pujo – respiro)

Evaluación:

El estudiante aprobará el examen final si consigue cagar en un laboratorio apropiado: los baños de la Facultad de Ingeniería Electrónica. El examen es individual, aunque se permiten conversaciones entre los módulos sanitarios (el apoyo entre colegas siempre es fundamental).

Si algún estudiante presenta problemas digestivos el día de la evaluación, o no se siente en disposición (o deposición) para ello, se le permitirá realizar un examen supletorio. Sin embargo, debo aclarar que si esto sucediese la actividad sería algo más compleja. Yo soy de los profesores que creen que el supletorio debe ser algo más complicado, así que la tarea se realizará bajo presión, mientras él o la estudiante se encuentra en el sanitario, yo golpeare repetidas veces la puerta de dicho baño manifestando disgusto y apuro.

Debo anotar que aunque el tema pareciere superfluo, realmente es de vital importancia, por tanto no toleraré frases como: “Profe, póngame 2.5, mire que hice chichí”.

FIN DEL CURSO

Si lo anterior les parece adecuado convoco a una marcha exigiendo la implantación de mi pensum. Podríamos incluir temas como: “La mujer ingeniero: mitos y realidad”, “Como pedir descuentos por cantidad en burdeles”, “El pedito en el puesto de trabajo. Cómo culpar al compañero de cubículo” y quizás trabajarle a una materia en la cual soy un especialista “Con quien acostarse por trabajo. Técnicas de un trepador”

Att:

El ingeniero hidalgo Bugaboox “Profesor de corazón – Ingeniero de la FIET por error”.

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No seas tan hija de puta


No te vistas tan linda los lunes. Los lunes que las chicas van a la universidad de jeans y tenis, tú paseas orgullosa por todo el pasillo esas piernas ligeramente huesudas enmarcadas en ese vestido blanco ceñido. Bajo la óptica fútil de la estética le harían falta algunas carnes, pero tu actitud las hacen bellas. Las luces con tanta altivez, que cuando te veo digo: ¡no seas tan hija de puta, que hermosa eres!

Los lunes de jeans y tenis, tú acompañas tu falda blanca con esa blusa blanca mefistofélica, la de tiritas. La que desnuda tu perfecta palidez. No seas tan hija de puta, no dejes caer el fuego de tus cabellos sobre tu blusa blanca. Sabes que me vuelve loco, me desasosiega. No lo disfrutes, ¡hija de puta!

No bajes tu cabeza y no te rías contigo misma cuando sabes que te estoy mirando. No me invites a hablarte, sabes que me queda difícil hasta decirte “hola”. Creo que lo descubriste y por eso lo haces, eso sacia tus ínfulas de deidad. Desde tu valquiria me dices cosas del tipo: “Hola Cachávez. Qué me cuentas?”. Primero… “¡¿Cachávez?!” no seas tan hija de puta, ¿por qué me dices “Cachávez”?, ¿quieres diferenciarte, cierto? Infieres que ninguna chica me dice Cachávez y quieres ser la única, quieres ser recordada. Ahora…”¡¿Qué me cuentas?!”, sabes que esa pregunta me obliga a contestarte con una frase del tipo: “te cuento que mi vida va bien”. Me imposibilita a hacerlo con una sola palabra como “Bien”, eso sería delatar la estupidez que me provocas, porque evidenciaría que no entendí la pregunta. Pero no, no puedes preguntarme “¿Cómo estás?” para responderte “Bien”, como sos tan hija de puta, me dices “¿Qué me cuentas?”, si me queda difícil decirte “hola” ahora “te cuento que mi vida muy bien” es un tormento. Empiezo a tartamudear a la segunda palabra, la primera no, esa me sale por reflejo. Tu siempre que lo notas, ¡hija de puta!, cambias de posición la comisura derecha de tus labios. No es precisamente una sonrisa, es un gesto de placer.

Antes, el domingo por la noche limpiaba la chaqueta que me dijiste me quedaba bien, porque inexorablemente iba ser vestida al otro día. Quería que notaras que si me ponía esa chaqueta era porque me vestía para ti, pero alternaba el resto de prendas para que no pensaras que era la única ropa que tenía. Los zapatos siempre limpios, porque me dijiste que te fijabas en ese detalle. ¡Qué hija de puta sos! Filtrabas datos en mi cabeza, porque sabías que luego yo los iba a usar.

Pero ya me cansé. No quiero ser el pedestal que necesitas para ver el mundo. Los domingos ya no alisto la chaqueta porque dejé de usarla los lunes. Eso sí, estoy pendiente de no usarla. Es como un mensaje del tipo: “si ves? Ya no me importas!” Pero mira que contradicción, si evito ponerme la chaqueta es porque todos los lunes (al menos) te pienso, ¡hija de puta! Los domingos por la noche ya no limpio mis zapatos, pero si pongo a cargar mi reproductor mp3. Es mi principal herramienta en la misión de minimizar el número de palabras dirigidas hacia ti los lunes. Además, le pongo música que no conoces pero pienso que, tal vez, pudiera interesarte. Me ilusiono con la posibilidad que un día me preguntes por la música que estoy escuchando y compartamos los audífonos. Podría llenarlo con esos grupitos que te gustan, para (hipotéticamente) sacarte un “chévere, también los escucho” y sentir que tenemos algo en común, pero me arrepiento, no me parece buena estrategia, tal vez te quitarías los auriculares porque ya tienes esas canciones en tu reproductor blanco; mejor grabo canciones que creo tienen el potencial de despertar tu curiosidad: meto algo esnobista tipo Bajofondo, y canciones que cuenten una historia, alguna de Sabina, seguro. Así –pienso- te quedarías pegada a mi reproductor por lo menos por 4 minutos, y yo, pegado del otro auricular… disfrutaría tu cercanía maldita. ¡Qué pendejo que soy! Me ilusiono con verte hasta cuando planeo alejarte.

Entonces llego a la facultad sabiendo que te voy a encontrar. Escucho música al máximo volumen, para cuando te encuentre, no pueda escuchar lo que me dices. Allí si está justificada la palabra solitaria. Si me dices: “Hola Cachávez, que me cuentas?”, está bien que te diga simplemente “Hola”, que es un saludo genérico, tu sabrás suponer que no escuché el resto. No me sentiría idiota ignorando la segunda parte, como si lo hacía antes, cuando no llevaba algo que ocultara tu sonido. Y así lo hago, simplemente paso diciendo “Hola” y desecho el resto del saludo. Porque sé qué me dices más que “Hola”. Sí me saladuras con el escueto “Hola”, necesitarías abrir la boca sólo una vez. Pero noto que la abres varias veces, como para decir “Hola Cachávez, qué me cuentas?”. Escúchame esto: ¡cuento las veces que abres la boca cuando me saludas! ¡Soy un pendejo!

Bien podría entrar por la otra puerta y evitarme la complicación: que el mp3, que la música, que la ropa… pero no, quiero olvidarme de ti, pero me encanta verte. ¡Hija de puta!

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