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Archive for the ‘Uncategorized’ Category

El tío Juvenal llega en su Renault 9 modelo 86, rines de lujo, volante incompleto en su circunferencia como los de la Formula Uno pero sin botones, silla del conductor cubierta por una red de botones de madera. Baja y saluda a la pequeña multitud que se ha aglomerado dubitativa en el antejardín de La Abuela: ¡Buenas familia! Y la familia se sacude de una diplomacia que ya parecía insoportable con una contestación masiva de ¡Llegó Juve! Ahora el saludo se personaliza, siempre con un comentario hilarante a la actividad reciente de cada miembro de la familia: ¿que conseguiste novia? Y yo pensaba que habías salido gay, le dice al muchacho que se estrena en los fangosos terrenos del amor; ¿que tu mujer quedó en embarazó? Felicitaciones… ¡jum!, pero la barriga la estas echando vos, ¿no?; y hasta lleva preparado algún chiste gráfico, de algún bolsillo de su chaqueta de cuero saca un tubo de Caladryl y se la entrega a el sobrino que no salió elegido al concejo. No es casualidad que la masa familiar entre después de él, lo esperaban, nadie quería ser el primero en llegar, pero Juvenal entra con determinación, busca a la mamá y le dice: ¡Abuela, se armó la rumba! En esta familia la abuela ya es La Abuela para los nietos, hijos, sobrinos, bisnietos y allegados. La Abuela lo saluda al borde de la lágrima, y cuando se espera la palabra maternal emotiva, sale diciendo: ¡Juvenal, hoy no te vas a emborrachar! Él, sabio barrial, inculpa a otro: jum, si es ese Adolfo, mamá, que lo corrompe a uno, señalando al hermano abstemio que, desde el otro de la sala sonríe porque no le queda otro remedio mientras piensa, chiste de todos los años. ¡Fresca que yo hoy me porto bien! Dice sabiendo que su intento tranquilizador no es creído por nadie, empezando por él. ¡Jum, por aquí huele bueno! Dice juntando su bigote contra la nariz y hace su primera incursión de la noche en la cocina, y sale con algún bocadillo que no se ha terminado de preparar. En el equipo Sony de 5 bandejas suena a un volumen apenas perceptible una emisora que en diciembre traiciona su estilo y ha programado viejoteca, es más fuerte la voz de Jorge Barón que desde un televisor anuncia, con el patrocinio de colchones Comodisimos, que falta dos horas y 32 minutos para despedir al año. Juvenal, se percata de inmediato de la situación y ordena a el menor de sus cinco hijos: vaya, mijo tráigase los cidis del carro. Miguel, coge las llaves pensando en cuándo será el día que su papá le entregue las llaves para algo que no sea con fines corresponsales o de tareas de calentamiento. ¡Eso mijo, póngase ese de pa bailar en diciembre!, y suena, enamorado, Alejandro Sanz. ¡Estos maricas con esa música de maricas… ¡cuántas veces les he dicho que no metan sus cidis en las cajas de los míos! Y Ricardo, contesta a la amonestación publica con un pedido: pues ya le he dicho, papá, cómprele el equipo USB pa no joder con esos vejesterios. ¡Guevones! Dice Juvenal para calmar el murmullo.

Cuando por fin suenan los acordes de Lizandro Meza, Juvenal lanza su grito de guerra: ¡Iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiji! Toma asiento e invita a los demás a sentarse. La familia obedece. ¡Y hoy que no me esperen en la casa! Y la mujer se tapa la cara por primera vez en la noche, lo hace con la mano diestra porque con la otra le asesta un pellizco que trata sea secreto, pero Juvenal pone el maltrato en evidencia cuando salta de la silla rimax alquilada diciendo, yay, jueputa. Nadie se escandaliza, primero porque es una agresión menor, y segundo porque se sabe que el insulto no es para Nora, sino que Juvenal suele terminar sus frases así, es casi una muletilla. Lejos de contestarle con otra pequeña agresión conyugal, Juvenal se voltea y besa a su mujer como cuando la enamoró en El Tambo, su pueblo natal. Nora después del inesperado acto de amor público, rasca sus labios y sonríe enamorada, y las sardinas (como les dice Juvenal a las adolescentes) que nunca han besado a alguien con bigote, piensan ¡gas!

 Se empiezan a formar los primeros grupos de conversación, y Juvenal, sabio en su divina procedencia fiestera, identifica como un elemento nocivo la polarización naciente y se lanza por lo que nadie que se ha atrevido, la garrafa de aguardiente que posa, altiva, en el centro exacto del comedor, patrocinio tradicional de cada año de La Abuela. ¡A lo que vinimos! Y él mismo sirve la primera ronda, pero no usa todas las copas que están dispuestas, usa sólo una y pasa sirviendo de puesto en puesto. Miguel descansa un poco, porque al ver a su padre con la garrafa ha temido que le ordene servir el primer trago. Miguel no heredó el carisma de su padre, porque para inaugurar labores etílicas hay que tener carisma, de lo contrarió, nadie recibirá. Juvenal aprueba al que lo recibe con apretón de manos que no distingue genero en cuánto a la fuerza usada, y al que no, reprueba parándose al frente, negando con la cabeza y arrugando la frente; en caso de ser dama, se deshace de la botella por un momento y usa su mano derecha como bandeja, posa con un gesto cortesano: mano atrás, pie cruzado, rodilla ligeramente flexionada. Con la presión popular nadie puede, y cuando llega a el punto de partida, todos, menos lo niños, han tomado. 

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Fuiste Héroe.

Medellín 28/09/10

Señor Rubén Bustos.

Federación nacional de Fútbol.

E. S. M.

Señor Bustos, usted salvó mi vida.

Lamento lanzar semejante declaración de una forma tan poco delicada, pero créame por favor, no pretendo tomarle del pelo, esto no es un chiste… simplemente la realidad en ocasiones lo parece, simplemente mi vida un día dependió de su pierna izquierda.

Permítame narrarle los hechos que originan esta carta, extra-temporánea, pero necesaria.

Corría el año 2007, y yo vivía en la ciudad de Bogotá. No soy natural de dicha ciudad, yo provengo de un lugar mucho mas pequeño, muy diferente a esa metrópolis inteligente, despiadada, cosmopolita, por lo cual no estoy preparado para las emociones fuertes, el concepto de morir y vivir en un solo día no es digerible para un pueblerino. Fue un noviembre complicado, como todos mis noviembres, los odio. –Convendría en este momento señor Bustos, que acompañase este relato con música: “November rain” de los Gun’s, estaría bien que se sirviese un trago de ron, así se hará una idea de cómo sonaba y como sabía, ese noviembre–. El cielo se veía despejado como es antinatural en Bogotá, pero dentro de mí llovía.

Ella ya lo había decidido, incluso había escuchado una frase de sus labios que no olvidaré: “Hay cosas que uno no quiere en su vida, a ti no te quiero en la mía”, (buen epitafio para la tumba de mi amor). Sin embargo siempre he sido un tipo terco, y aunque parecía totalmente insensato lo intenté, pensé que ella me querría en su vida de nuevo. ¡La esperanza, maldita esperanza! ¿Cómo explicarlo? … Supongo que usted ha tenido partidos con marcador en contra, pero algo en su interior impide que opte por no correr hasta el final, y entonces faltan 5 minutos, y un terrible presentimiento de dolor lo asalta y su cabeza lo empieza a entender, y su corazón se muere un poquito cada minuto y ese inexorable pitazo final le indica que simplemente se equivocó. Mi pitazo final sucedió ese 17 de noviembre.

Esa mañana con voz temerosa me dijo: “debo contarte algo”. Un mal presentimiento cruzo por mi mente (aunque debo aceptar que también paso la idea que una reconciliación podía ser posible). Nos encontramos en su casa, quería escucharla. Lo que ella tenía por decirme era simple y contundente: “Estoy saliendo con alguien, quería que te enteraras por mí”. Pensé en una guillotina.

Dolor, lágrimas, dolor, lágrimas, dolor. Ella encontró alguien mejor que yo! Dolor, lágrimas, dolor lágrimas. ¡No puedo con esto! … y la misma vaina por las diez cuadras que separaban nuestras casas.

Ya en mi apartamento, en el barrio “la soledad” (la vida en ocasiones se parece a un chiste, insisto), mi amigo Sebastián, con la sonrisa de siempre, golpeó a mi puerta. Yo no recordaba que teníamos boletería en oriental para el partido Colombia-Venezuela, y la verdad no me importaba. El tipo siempre ha tenido el don de la parranda, y no sé cómo diablos termine en la tribuna del estadio Nemesio Camacho “El campin” , con la esperanza de exorcizar demonios, en compañía de los compadres.

El primer tiempo se fue rápidamente, en mi cabeza no había espacio para el fútbol, pero no se requería cerebro para saber que los únicos que disfrutaban un empate tan aburrido eran los venezolanos. Como los tres Chamos a mi espalda.

Los minutos se acababan, los insolentes venezolanos atrás mío solo lanzaban despropósitos e improperios: -Que los colombianos son una partida de negros-, -que están chamuscaos-, ¡arriba Venezuela! -Que ¿cómo un jugador podía tener apellido de puchecas?, ¡de puchecas! señor Bustos. Y cada insulto me dolía en el alma, y cada recuerdo de ella me asfixiaba, y cada minuto que acercaba a los Venezolanos callaba más a los Colombianos y yo sentía que mi vida se extinguía en el silencio del estadio, ¡arriba Venezuela! Empezaba a pensar que realmente nada valía la pena. La muerte era una buena posibilidad para mi.

Minuto 81, Colombia-Venezuela, Bogota. La magia no existe, cualquier marica es mejor que yo, cualquier equipo de medio peso nos empata en casa. Tiro libre a nuestro favor, Puchecas al cobro (risas de los Venezolanos). Usted toma la pelota con sus dos manos de negro, sus manos de palenquero, de 500 años de sufrimiento de esclavo … de Colombiano chamuscao, y le reza algo a la pelota, yo sentado en oriental con mi cara entre las manos lo veo fijo desde lejos y pienso … por mi Negro, por mi, ¡o me mato hoy mismo!, y me sumerjo mas entre mis manos. Usted se retira del balón con algo de cadencia, cobra y el balón describe una parábola descendente en el aire, el balón entra por un vértice …. GOL HIJUEPUTA! La magia existe, mi vida ya no es mía… es suya, y lo único que puedo hacer es repetir a mis espaldas GOL HIJUEPUTAS, y el primer puño va pal del centro y el segundo pa cualquiera de los tres Venezolanos, y el estadio me apoya y ellos injustamente pagan por mi dolor y salen entre chiflidos del estadio (si se indigna por mis actos señor Bustos, recuerde lo de las puchecas), o eso me pareció por que entonces entre lágrimas abrazaba a desconocidos.

Puede cambiar la música señor bustos, en ese momento se escuchaba “we are the champions” quizás un cover de Pastor Lopez.

Señor Bustos, Usted me salvo la vida.

Gracias!

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